Homenaje 70º Aniversario

 

LOS BRIGADISTAS INTERNACIONALES VOLVIERON A ESPAÑA

 

Con la misma ilusión que tenían en 1936 volvieron a reunirse en España una treintena de los veteranos de las Brigadas Internacionales. El motivo de este encuentro estuvo en celebrar el setenta aniversario de la formación de las Brigadas Internacionales del Ejército Popular de la República.

Invitados por la Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales (AABI), los Voluntarios de la Libertad tuvieron oportunidad de visitar lugares marcados a sangre y fuego en su memoria así como reencontrarse con representantes de distintas instituciones y organizaciones, y también con ciudadanos anónimos que, emocionados, les agradecían la lucha que llevaron a cabo en España.

En la Comunidad de Madrid se llevaron a cabo los primeros actos del homenaje. En el municipio de Morata de Tajuña se inauguró el monumento a las Brigadas que el escultor canario Martín Chirino ha realizado para la ocasión. Con asombrosa energía los brigadistas iniciaron la marcha por una escarpada cuesta hasta llegar al emplazamiento del monumento, lindando con las todavía visibles trincheras del que fuera frente del Jarama. Allí, y bajo los dos enormes puños de metal, los brigadistas se emocionaron viendo las banderas republicas y rojas ondear, empuñadas muchas por jóvenes con edades similares a las que ellos y ellas tenían cuando vinieron a España a luchar por sus ideales. Sin duda, más que los discursos y los recuerdos, lo que más conmovió a los veteranos durante esta semana, fue ver cómo los jóvenes, casi adolescentes algunos, se acercaban a ellos emocionados para agradecerles, con palabras de cariño y aliento, el haber acudido a nuestro país en aquellos terribles momentos.

Otra de las actividades que se llevaron a cabo fue la visita a lo que fue el Frente de la Ciudad Universitaria. La Casa de Velázquez, las facultades de Medicina y Farmacia, los jardines de Ciencias de la Información mostraron a los brigadistas las huellas que la metralla, las balas y las bombas dejaron en sus fachadas. Muchos de ellos lucharon en esos mismos lugares y también muchos de sus compañeros cayeron allí para siempre.

En Rivas-Vaciamadrid, en el Auditorio Pilar Bardem, se les recibió con un concierto recital a cargo de diversos artistas que rindieron homenaje a los veteranos. Ellos, sobre escenario, escuchaban atentos los poemas que se les dedicaron, y recordaron viejas canciones de guerra coreadas por el público. Una vez más, puño en alto, los brigadistas y el público, volvieron a entonar la Internacional, cerrando así una magnifica noche de recuerdos y esperanzas. 

 Uno de los actos más emotivos tuvo lugar en el Congreso de los Diputados, concretamente en la Sala de Columnas, donde Amaya leyó para los brigadistas el célebre discurso que su madre, Dolores Ibárruri, pronunció en la despedida a las Brigadas Internacionales en Barcelona en el año 1938. Fue esta la primera vez que la hija de la que fuera diputada, antes de la guerra y después de la dictadura, visitaba el Congreso. El acto fue organizado por el Grupo Parlamentario de Izquierda Unida y contó con la presencia del Coordinador General de IU, Gaspar Llamazares.

Los brigadistas también tuvieron la oportunidad de encontrarse con representantes de Comisiones Obreras, del Partido Comunista de Madrid y del Partido Comunista de Aragón. En estos encuentros sorprendió la vitalidad de algunos de los veteranos que, a sus más de noventa años en algunos casos, aún siguen trabajando diariamente por el mismo ideal revolucionario que les impulsó a empuñar las armas en España. No abandonaron nunca ese espíritu a pesar de la represión que tuvieron que afrontar después de nuestra guerra civil en sus respectivos países, han seguido luchando por cualquier causa a sus ojos justa, como bien demostraron encabezando las manifestaciones contra la guerra de Irak los veteranos estadounidenses, y siguen haciendo al pedir la retirada de las tropas de Irak. Otro ejemplo de esto es el caso de Andrei Micu, brigadista rumano, que a sus noventa y dos años aún sueña, y trabaja para ello a diario, con unir a todos los explotados por el sistema en un movimiento unitario que logre la emancipación de los excluidos.

Los brigadistas se trasladaron posteriormente a Zaragoza y Barcelona, ciudades ambas de marcado recuerdo para ellos. La ciudad del Ebro, río que vería morir a muchos de sus compañeros,  por no haber podido ser liberada del yugo franquista y Barcelona por haber sido allí donde se tuvieron que despedir de nuestro país aquellos que desinteresadamente vinieron a luchar por él. En Zaragoza recogieron el premio que la Fundación Lola Soler Blánquez les otorgó en su categoría “Lucha Social”. En Barcelona, los brigadistas fueron recibidos por el Consejero de Relaciones Institucionales y Participación de la Generalidad catalana, en un acto en el Palacio de la Música Catalana. Al día siguiente se efectuó una ofrenda floral en el monumento a las Brigadas Internacionales en Barcelona, donde el Alcalde de la ciudad, Jordi Hereu, les saludó elogiando su valor en la lucha contra el fascismo.

Tanto en la capital aragonesa como en Barcelona, los brigadistas fueron recibidos en los andenes de las estaciones con flores, banderas, canciones de lucha y con el inmenso cariño del pueblo que allí donde van les transmite su sincera admiración. Y los brigadistas les devolvían el abrazo explicando que para ellos el verdadero héroe de aquellos años no fue otro que el pueblo español que supo enfrentar y presentar batalla durante tres años al fascismo que más tarde sembró de muertos el resto del mundo. 

Tal vez el olivo de la Paz aún no haya florecido, pero ellos han vuelto, como han hecho varias veces desde el fin de la dictadura, y lo han hecho no sólo para reencontrarse con su segunda patria, sino también para recordarnos nuestra propia Historia, para que hoy, cuando tanto se habla de Memoria Histórica, no olvidemos que hubo quienes vinieron a España a luchar y a morir por sus ideales, por la Revolución, por la Democracia, por la Libertad, por la República….porque sintieron que era su deber, convirtiéndose así en uno de los más heroicos ejemplo de solidaridad humana que la Historia ha visto. El pueblo español lo comprendió así y por eso hoy se lo agradece siempre que tiene ocasión.

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