El Diario de Evert Ruivenkamp. Un holandés en el Ebro

Nuestro amigo Tristán Fleerkate  ha tenido la generosidad de traducir del neerlandés algunas páginas de  Un joven holandés en el Ebro. Diario de un luchador en España. Se trata de Evert Ruivenkamp, un brigadista que, tras combatir en España, luchó en su país en la Resistencia antinazi y fue fusilado por los alemanes. Su cuerpo descansa ahora en el Campo de Honor holandés de Loenen. Tristán nos dirigió también a la información sobre su biografía así como a la de su mujer, la española Rosario :

El 17 de febrero de 1943, Evert Ruivenkamp fue detenido por el ocupante alemán y, tras un período de tortura, fue condenado a muerte el 25 de mayo. La sentencia fue ejecutada el 30 de junio por un pelotón de fusilamiento en La Haya. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Evert Ruivenkamp fue enterrado en el Campo de Honor holandés en Loenen.

Rosa, la hermana mayor de Evert Ruivenkamp, ​​falleció en 2019. Su hijo Evert -llamado así en memoria de su tío asesinado- encontró en la mesita de noche de Rosa el diario que Ruivenkamp había escrito en España. No se sabe a ciencia cierta cómo este diario sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial y cómo acabó finalmente en manos de su hermana Rosa. Rosario Plana Solé, la esposa española de Evert, pudo haberlo guardado y, más tarde, entregado a Rosa cuando regresó a España ya casi al final de su vida.

Ruivenkamp debió de escribirlo entre 1939 y 1943 a partir de unos apuntes que hizo en España y que consiguió pasar a Holanda. Tuvo suerte de que sus papeles no fueran confiscados en la frontera holandesa, como sucedió con muchos combatientes españoles. Esas notas originales no han sido recuperadas.
El Diario describe de forma muy vívida su viaje y estancia en España entre marzo y diciembre de 1938. Dice que en realidad había querido partir en noviembre de 1936, junto con un grupo de voluntarios alemanes que viajaban a España vía Holanda. Evert estuvo participando activamente en el Socorro Rojo Internacional y siguió brindando ayuda a los refugiados alemanes. Así conoció a su amigo alemán Willi Rentmeister, quien juega un papel importante en el Diario. La madre, Jannigje, logró convencerlo en el 36 de que era mejor  no irse pero, al final, en marzo del 38, se fue sin decir nada a la familia. 

Describe su viaje, la sorpresa ante todas las cosas nuevas que encuentra (probablemente Ruivenkamp nunca había estado en el extranjero desde el viaje a los Estados Unidos cuando era niño) y su llegada a España. 

Los primeros meses son para él relativamente tranquilos, pasa gran parte del tiempo en el pueblo de Vilella Alta (una de las bases de reorganización de la XI BI), donde está alojado con una pareja de ancianos; se divierte con su amigo Willi, que está todo el tiempo enamorado y se enamora de una enfermera estadounidense. Entonces, en el verano de 1938, comienza la Batalla del Ebro, la última gran ofensiva de la República Española en un intento de hacer retroceder a las tropas de Franco que intentaban apoderarse de Valencia. El Diario de Evert cambia de tono al instante. Pierde a su amigo Wil de Lathouder, de La Haya, muriendo también en un ataque la enfermera con la que tuvo una corta relación. Para su asombro, el Gobierno republicano tomó la decisión, a finales de septiembre de 1938, de retirar las Brigadas Internacionales de su lucha España. El 4 de octubre de 1938, el diario termina abruptamente.

El diario fue publicado en abril de 2022 con el título Un joven holandés en el Ebro por el editor Jurgen Maas. El prólogo y el epílogo son de Yvonne Scholten, la biógrafa de Fanny Schoonheyt. A continuación se presentan algunos extractos de texto del Diario de Evert Ruivenkamp:

Sin fecha

El 18 y 19 de julio de 1936 estalló la guerra en Barcelona y Madrid. Al principio pensé, que sería una revolución más de las que España hubía conocido; pero muy pronto todo el mundo pudo ver que una población virtualmente indefensa tenía derecho a defenderse de la invasión germano-italiana. Estos dos países, económicamente bancarrota, habían golpeado con sus garras codiciosas el rico suelo español. En esto fueron ayudados por algunos generales traidores que rompieron su juramento de honor y traicionaron al país y al pueblo por el bien de sí mismos y del capital internacional.

Pronto se hizo evidente que Alemania había estado ensuciando la República con todo tipo de entidades que en realidad no eran más que centros de espionaje. Hasta octubre o noviembre seguí el curso de los acontecimientos en la península ibérica con creciente asombro. Entonces comencé a pensar que allí se necesitaba también mi modesta ayuda. Los conocimientos militares que recibí en el ejército holandés tenía que ponerlos al servicio de ese pueblo. Era noviembre de 1936. Partiría el día 23 con unos cuantos alemanes para unirme a la bandera roja-amarilla-morada del gobierno.

 27 de marzo 1938

(…) No sé cuánto tiempo hemos estado en el camino. Está demasiado oscuro para ver la hora en mi reloj. Bebemos un poco de agua fresca en un arroyo. Todavía no podemos descansar, antes tenemos que cruzar la frontera. Por fin amanece. Vemos pueblos españoles al pie de la hilera de colinas. Un espectáculo impresionante. Casas esparcidas por todas partes. La gente camina por aquí y por allá. Deben de ser españoles. Pronto estaremos al final de nuestro viaje. La lluvia ha cesado y un sol acuoso se abre (…)

1 de abril 1938

Mañana iremos a Albacete, dicen. Hoy rompí el paquete de Camel. Lo tenía reservado para Willie Rentmeister. Pero sí, tendrá que imaginar que saqué uno.

 14 de abril 1938

(…) Tuve un día ansioso. El primero. Seguirán varios. Por la tarde cruzamos con cuidado el puente sobre el Ebro. Todavía funciona, aunque está muy dañado. Pasamos por unas ruinas producidas por el fuego. Era Tortosa. Hace catorce días era un pueblo; ya no. Lo mismo que Benicarló. Escombros, olor a quemado, heridos, mutilados, hedor de carne humana quemada. Te acostumbras, pero nunca lo olvidas. Se convierte en un bloque pesado que tienes que cargar. En Tarragona toda la tropa bajó del tren y nos dirigimos a Vila Seca.  Dormimos la noche bajo los árboles. Para el desayuno tomamos un puñado de avellanas. Por el momento no hay nada más. Quizás más tarde.

 2 de mayo 1938

Valls. En el hospital.  Estoy aquí desde ayer. Es un hospital español. Casi sin internacionales. Soy el único rubio. Me han ingresado por gastritis. Me desmayé dos veces durante el entrenamiento. Primero fui a Ulldemolins. Luego me trajeron de aquí. Ayer se conmemoró el 1º de mayo. En Ulldemolins vi una manifestación. Al frente, unos soldados con una bandera roja. Luego vinieron los niños. Toda la gente participó en esa fiesta de mayo. La gente, el clima, los pájaros… fue un día hermoso. Pero me duele lo que hay tras estas montañas. Esta gente de todo tipo se ha reunido para manifestarse contra el enemigo común que quiere esclavizarlos. Han probado la libertad. No será fácil renunciar a eso. Será mucho más difícil defenderlo. Pero aguantaremos hasta el final o hasta que no podamos más.

 13 de mayo 1938

(..) Para mi gran sorpresa vi a lo lejos un pequeño grupo acercándose a nuestro campamento. ¡Los conozco a todos! Estaba Willi (Rentmeister), que recibió de mí su paquete de Camel (solo tres piezas). También estaba otro Willy, Wil de Lathouder. Caminaba con pantalones cortos, medias, un chaleco de piel de borrego y un sombrero que ha visto días mejores. También estaban Joh van Norren, Jan Maarseveen -el hijo de la señora Koolwijk-, Gerrit Paarlberg, Klemens y algunos más. Nos saludamos cordialmente y después bebimos una buena copa de vino.

28 de junio de 1938

Los últimos días han sido tranquilos. Hicimos muchos ejercicios durante el día. Nos iremos pronto; no sé donde. Willi está en Barcelona, de vacaciones y también para comprar varios artículos para nuestro periódico mural. Ojalá pueda visitar a Jan Zuidema (Janrik van Gilse, comisario político).

 15 de julio de 1938

Nuestros días en Ulldemolins han terminado. Hemos dejado nuestra base y ahora estamos en posición de guardia de la estación en Falset. El túnel largo también está incluido en la estación. (…) Los aviones vienen regularmente. No sé lo que se está planeando. Pero algo se está gestando. En Vilella veíamos pasar regularmente coches con material. Los periódicos no han escrito mucho últimamente. Resistir, resistir. Nada más. El frente está tranquilo. ¿Será la calma que precede a la tormenta?

 26 de julio de 1938

La gran tensión ha terminado. La ofensiva del Ebro ha comenzado. Los nuestros han cruzado el río de forma sorpresiva. Nadando o en barcos pequeños. Vadeando, y luego por los puentes. Hemos engañado a los fascistas. Su atención había disminuido. La acción de la prensa oficial ha hecho su trabajo. Tenían la idea de que queríamos iniciar una guerra de posiciones a orillas del Ebro. No podemos permitirnos ese lujo. Debemos atacar y avanzar. Pronto iremos también al frente (…)

 2 de agosto de 1938

Salimos del campamento y cruzamos el Ebro. Salimos a las seis de la tarde en tres camiones. Ya estaba oscuro cuando llegamos a Flix. Allí cruzamos el puente. Coches por todas partes. No se veían más que los faros de los camiones. Flix está envuelto en crepúsculo por tanto tráfico. Por todas partes se ve el trabajo destructivo de las bombas. A pesar del fuego asesino, los nuestros resisten. Toda la ofensiva, pensada como distracción del frente de Levante, ha sido un éxito. No nos preocupan las grandes conquistas territoriales. Debemos aliviar la  presión sobre el Levante. Ahora Franco está trayendo todo lo que tiene al Ebro. Cada día pasan cien, doscientos, trescientos aviones (…)

 17 de agosto de 1938

(…) Nunca volveré a ver a Willy de Lathouder. Theo (Van Reemst) contó que cayó cerca de Gandesa. Unos dicen que con un tiro en la cabeza; otros que con un tiro en el estómago. Sea como fuere, su vida ha terminado. Lo peor es su mujer, con un niño pequeño que ahora debe de tener casi seis meses. Van cayendo uno a uno. ¿Cuándo será mi turno?

En su folleto Dutchmen under the command of Hollander Piet in Spain, publicado en Amsterdam en 1939, Vanter (seudónimo de Gerard van het Reve Sre) escribe lo siguiente sobre los combates de finales de julio en torno a Gandesa: “Ya suenan las ametralladoras, golpean los mineros, tiran las granadas de mano. El enemigo retrocede, pero la batalla es sangrienta. Lathouwer cae, Polak , Ijzendoorn... Krijn Breur está gravemente herido (...) En media hora caen 8 muertos y 33 están heridos (...) Los fascistas atacaron cuatro veces ese día. Y por la noche otras cuatro veces. Al Capitán Hollander Piet todavía le quedan 50 hombres. Ha perdido más de setenta de la Compañía holandesa.

 23 de agosto 1938

Hoy Willi (Rentmeister) vino de nuevo con una carta para mí. ¡Caen uno tras otro! Escribí lo mismo la semana pasada. Entonces fue por Willy. Ahora es por Lilian. Ya no me queda nada aquí. Solo odio. Odio al fascismo. Odio a la llamada democracia. Odio que nunca olvidaré. Odio que solo puede vengarse con sangre. ¿Fue víctima de una bomba lanzada por un Junker, o por un Caproni? ¿Qué más da? Fue una bomba lanzada sobre un hospital en algún lugar del interior. Cuarenta soldados y cuatro enfermeras resultaron muertos. Tres españoles y un internacional. Dios mío, ¿cuándo terminará esto? ¡Nunca! No antes de que todos seamos invadidos por esa fuerza mayor o antes de haber ganado. El tiempo decidirá. El tiempo… y la actitud de la clase obrera que aún permanece ciega.

 23 de septiembre de 1938

(…) Tenemos que huir. El enemigo se abre paso a través de la delgada ocupación del flanco derecho. ¡Hay que huir! Dejamos todo atrás. Ya no vemos obstáculos. Vuelo hacia abajo con grandes saltos. En el valle hay seguridad. Ese es mi único pensamiento. Me golpea una granada. Sin pensarlo camino por un embudo. Más lejos; cada vez más lejos. Ya no tengo aliento. Tengo que correr. Con o sin aliento. Un chico español se arrodilla frente a mí. Las lágrimas corren por su rostro. Coge un cuerpo herido a sus pies. No puedo caminar cuando le veo así. Levantamos a la víctima por su cabeza y sus piernas. Tiene un tiro en el estómago. No hemos andado ni cincuenta metros cuando el hombre que llevamos recibe un disparo en la cabeza. Le grito a mi camarada que se pare. Él también lo había notado y volvió a  arrodillarse (…)

Llorando, caminando y gritando, el chico me miró. Todo lo que dijo fue: ‘Voluntario’. Después, comenzó a acordarse de todo y se puso a gritar: ‘¡José, José, Josééé!’ Yo, cortado, no sabía qué hacer. «¡Por dios, mi hermano, Joséee!» ¿Quedaba aquí un lugar para dios? ¿Aquí, o en los matones del otro lado? Los asesinos del pueblo y de la tierra española, ¿no lo hacían en nombre de Cristo? (…) Después de calmarme un poco, decidí regresar al batallón. También yo soy prácticamente un desertor. En la  línea he abandonado a mis camaradas. Aun así, tendré que verlos de nuevo. ¡Oh, perdonadme! Estaba casi devastado (…)

 2 de octubre de 1938

(…) Al final nos vamos. La mayoría de nosotros tenemos los ojos nublados. Pero podemos ver;  y esperamos volver a vernos. Aún no ha muerto la creencia en una República española libre. ¡Pronto llegará ese hermoso día! Con un saludo final, el camión gira hacia la carretera principal. ¡Viva la República! ¡Viva el Batallón Especial! (…)

 

Biografía

Evert Ruivenkamp nació el 3 de septiembre de 1915 en Filadelfia (EEUU). Era hijo de Jannigje Meurs, que había salido de los Países Bajos con el anarquista Willem van Eck. Al ser abandonada por este, estando embarazada, regresó a su país en 1916. Jannigje se casó en 1920 con Rinke Simon Ruivenkamp, carpintero, quien reconoció a sus hijos. La familia se trasladó a La Haya en 1923, donde nacieron 2 hijas más.

En 1933 Evert se formó como albañil, pero no encontró trabajo. En marzo de 1935 ingresó en el servicio militar durante 6 meses con la Compañía de Tiradores de Infantería. Después volvió a vivir con sus padres, donde realizó actividades de voluntario en la brigada de rescate de La Haya. Se afilió al Partido Comunista de Holanda y en marzo de 1938 partió hacia España como voluntario. Llegó a Albacete el 31 de marzo y fue destinado a la XI BI, dentro de la compañía holandesa «De Zeven Provinciën». Evert fue elogiado por su sentido del deber y su valentía. Fue admitido en el PCE en 1938.

En el frente conoció a Willy de Lathouder, también de La Haya, muerto en el frente del Ebro en 1938. [1] Ruivenkamp se encargó de que su viuda, Rosario Plana Sole, y su hijo pudieran viajar a La Haya. Él mismo regresó en diciembre de 1938 con el transporte de voluntarios holandeses. El 5 de diciembre llegó a Holanda, donde fue privado de su nacionalidad holandesa.

Willy de Lathouder y Rosario Plana en el tren, poco antes de partir para España

En mayo de 1939, fue llevado a juicio en La Haya junto con otros siete excombatientes de España. En un principio se le pidieron tres meses de prisión, pero al final fueron absueltos. Invocaron, entre otras cosas, las promesas de los funcionarios consulares holandeses en España de que no habría procesos penales cuando regresaran a los Países Bajos.

A pesar de perder la nacionalidad, Ruivenkamp fue movilizado en agosto de 1939 por el gobierno holandés y asignado a su antiguo regimiento de infantería.  Evert fue hecho prisionero de guerra en Brabante en mayo de 1940, pero los alemanes lo liberaron el 10 de junio. Regresó a La Haya y se casó con Rosario Plana en diciembre de 1940.

En 1942, Evert consiguió un trabajo como jefe de equipo de la brigada de bomberos del Servicio Municipal de Defensa Aérea en el hospital de Zuidwal. Era trabajo nocturno: de 5 a 9. Henk Middendorp se convirtió en uno de sus 5 bomberos. Como miembro del grupo comunista de la Resistencia De Vonk (La Chispa), Ruivenkamp, ​​junto con Middendorp, llevaron a cabo en octubre de 1942 un sabotaje conocido como «El incendio en el Laakkwartier».

Pocos meses más tarde, el 17 de febrero de 1943, Ruivenkamp fue detenido por las fuerzas de ocupación y, tras un período de tortura, fue llevado a un juicio a puerta cerrada celebrado en Utrecht el 25 de mayo. Fue condenado a muerte por haber provocado el incendio. La sentencia fue ejecutada el 30 de junio de ese año en La Haya. Tras la Segunda Guerra Mundial, Evert Ruivenkamp fue enterrado en el Campo de Honor holandés de Loenen.

Fuentes: 

La fuente principal proviene de las Biografías publicadas por el Internationaal Instituut voor Sociale geschiedenis de Amsterdam. Los autores de la biografía de Evert Ruivenkamp son Pauline van Tets e Yvonne Scholten

Otras fuentes:

Colección de participantes holandeses en las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil Española (IISH). Invnr 106: Carta fechada el 16 de agosto de 1994 de Herman Teeuwen.

Archivos de las Brigadas Internacionales, Moscú, RGASPI F.545-Op.6-D.36
Archivos de las Brigadas Internacionales, Moscú, RGASPI F.545-Op.6-D.404-L.69

Más información: https://www.larazon.es/

 

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