Alvah Bessie. Cuadernos de la Guerra Civil española

Novedad editorial: el pasado mes de mayo se publicaron en español los Cuadernos de la Guerra Civil Española de Alvah Bessie, unos textos que este miembro de las Brigadas Internacionales fue escribiendo durante su viaje y estancia en España, entre febrero y diciembre de 1938. Copiamos aquí el prólogo que, como presentación del libro, escribió Sebastiaan Faber, catedrático de Estudios Hispánicos en el Oberlin College, Ohio, y Presidente de ALBA (Archivos de la Brigada Abraham Lincoln):

“Aunque Alvah Bessie llegó a España como voluntario de las Brigadas Internacionales ya en febrero de 1938, cuando la guerra civil comenzaba su último año, fue capaz de escribir algunos de los mejores textos sobre el conflicto. Su libro Hombres en guerra, publicado por primera vez en 1939, se convirtió pronto en un clásico. Más de sesenta años después, su hijo Dan editó los diarios de guerra que sirvieron de base a Alvah. Estos apuntes, realizados a vuelapluma en el campo de batalla y magistralmente traducidos al castellano por Randal Scamardo en este libro, mantienen toda la crudeza y premura que tenían en 1938. Nadie que quiera comprender la experiencia de los voluntarios antifascistas en la guerra de España, y la naturaleza de su compromiso político, puede dejar de leerlos”.

Como dice el traductor y responsable de la edición de este libro en castellano, Randal Scamardo, “se trata de cuatro cuadernos que constituyen un testimonio de primera mano de lo que el autor sintió y experimentó a lo largo de un año en pleno frente de la Guerra Civil. La intención de Alvah Bessie al redactar estos cuadernos fue documentar su experiencia en las trincheras del bando republicano durante 1937 y narrar los acontecimientos que iba viviendo para, más tarde, escribir un libro, una vez vuelto a los Estados Unidos. El libro Men in Battle (1939), posteriormente traducido como Hombres en guerra, relata esta experiencia”.

Alvah Bessie -luego reconocido guionista de Hollywood y autor de varias novelas- llegó a España cuando tenía 34 años, una edad ya algo avanzada si la comparamos con la de mayoría de jóvenes veinteañeros que vinieron para ayudar al pueblo español en su combate contra el fascismo. Educado en una familia acomodada y de raíces judías, cursó estudios de Filología en la Universidad de Columbia, Nueva York, lo que le llevó a desarrollar una carrera como escritor en los EEUU y como corresponsal de prensa en Francia.

Ya de vuelta a su país, su reflexión sobre el curso de los acontecimientos mundiales (el ascenso del fascismo, sobre todo) le llevó a integrarse en el Partido Comunista en 1936. En los meses siguientes se dedicó a escribir folletos, crónicas y notas de prensa al servicio de la causa republicana española. Finalmente se decidió a seguir el ejemplo de los cerca de 3.000 voluntarios que salieron de EEUU para formar los batallones Lincoln y Washington. ¿Por qué? Es una pregunta que él mismo explicó en sus escritos.

En primer fueron razones políticas. En un diálogo imaginario con sus hijos Bessie escribe: “…El pueblo español es, en gran parte, pobre; gente buena que desea que sus hijos estén sanos y felices y vayan a la escuela y tengan suficiente para comer, y los fascistas… intentan que la gente pobre siga siendo pobre. De manera que aquí, en España, el pueblo ha empuñado los fusiles para luchar por sus hogares, sus niños, y su derecho a vivir como quieran… Yo vine hasta aquí para ayudar al pueblo español a combatir contra sus enemigos, los fascistas”. 

Pero también hubo razones personales, que para él fueron prioritarias:

“Yo me di cuenta de que en mi caso el acontecimiento histórico de España había coincidido con un deseo, largamente sentido, de acabar de sacudirme la preparación que había recibido durante toda mi juventud. Había dos razones importantes para que yo me encontrara allí: acabar de hacerme a mí mismo y aportar mi fuerza individual (tal como era) a la lucha contra el eterno enemigo, la opresión. La validez de la segunda razón [la política] no quedaba mermada por el hecho de que fuera un poco más débil que la primera, ya que ambas formaban parte de lo mismo. Para mí era necesario, en esa etapa de mi desarrollo vital, trabajar, por primera vez, como parte de un gran cuerpo de hombres, sumergirme a mí mismo en esa masa, sin buscar ni distinción ni puestos eminentes (lo contrario de mis actividades de los últimos años), para, así, lograr autodisciplina, paciencia y desinterés (lo contrario de una larga formación de clase media) y la construcción de una vida engranada a otros hombres y a los acontecimientos mundiales”.

Como escribe Scamardo, “uno de los efectos de este cambio de conciencia de clase fue su participación en la Guerra Civil española”, aunque quizá la participación en esta consolidó aún más ese cambio iniciado previamente.

A estas reflexiones hay que añadir un aspecto poco referenciado en la literatura brigadista, ya que el porcentaje de voluntarios casados y con hijos fue pequeño. Se trata de la nostalgia de éstos, los hijos, unido a un cierto sentimiento de culpa por el presunto abandono de los mismos. Las reflexiones que dedica Bessie a este asunto son abundantes, así como las cartas que recibe de su hijo Dan que tenía seis años (el otro hijo, Dave, cumplió tres en marzo). Entre ambos se entabla un diálogo interesante que incluyen los dibujos que ambos se envían. Quizá esto explique la vocación profesional de Dan en la industria del cine de dibujos animados en Hollywood.

El foco principal de Bessie está puesto en su actividad política y militar. El Cuaderno nº 1 comienza con la travesía del Atlántico a bordo del buque Lafayette. Tras unos días en París, cruza los Pirineos y llega a España el 2 de febrero de 1938: “Más de cuarenta hombres. Caminamos toda la noche. Al amanecer llegamos a la cima de la segunda sierra y la frontera. Amanecer en España; tierra magnífica y robusta. Alcornoques con los troncos pelados, gris-verdes de aceitunas madurando, limones maduros”…

Pero la guerra también llega hasta esos parajes lejanos y, por eso, escribe:

“3 de febrero: Llegamos a Figueras a las 10:30, justo después de un ataque aéreo. Sigue sonando la alarma. Grupos en los campos listos para correr a refugiarse. Dos Capronis (todo de metal) volando 8.000 pies sobre el pueblo a plena vista. Zumbido amenazante de motores. Primera sensación de miedo ante los aviones, en lugar de belleza. Se ordena a todos los hombres ponerse a cubierto en los cuarteles de las Brigadas Internacionales, situados en la cima de la colina. Sótano de albañilería con bóveda alta en una antigua fortaleza.[1] Café y pan”.

Luego, tras unos días en Figueras -primera parada de los voluntarios internacionales-, viajan en tren hasta Albacete, a donde llegan el 7 de febrero a la 17,00:

“Marchamos por las calles con una banda en Albacete; entusiasmo de la gente. Bebés en brazos aprietan los puños al estilo del saludo del Frente Popular. Al cuartel de las BI, discursos de bienvenida en cuatro idiomas: francés, alemán, inglés, polaco. Casa enorme, patio interior, cuadrangular con balcones. Registrado. Ducha caliente, uniformes proporcionados. Todo tipo de sombreros, abrigos, prendas exteriores; verdes, grises, caquis, calzones, pantalones largos, gorros, tipo extranjero, tipo orejeras, quedan mal en muchos casos: hombres altos con pantalones que les quedan cortos, hombres pequeños con pantalones grandes, intercambio. Comida. En camiones a Tarazona, campo de entrenamiento”.

 Bessie se queda en Tarazona de la Mancha del 7 de febrero hasta el 12 de marzo. El jefe del campo es Allan Johnson, un oficial del ejército norteamericano que había llegado como voluntario en 1937 y que, tras ser herido en el frente del Jarama, marcha a Tarazona, donde dirige la instrucción. Esto es un ejemplo de la rutina diaria en la base:

“7 de marzo de 1938: en la Compañía 1, práctica de tiro casi diaria (mala); simulacro de máscara de gas (caminamos 15 millas y media hora con la máscara puesta); problemas militares (formaciones de combate en el campo y disparar a objetivos de silueta); charlas sobre primeros auxilios, gas, etc. La compañía comienza a asumir lo que es un ejército. Más reclutas llegan a Tarazona cada semana”…

Durante esas semanas Bessie va describiendo lo que hace y observa: lugares donde viven y camas donde duermen, características y costumbres de la población (predominan las mujeres y niños), la comida, la paga que reciben, las armas que usan, las guardias nocturnas, la rutina diaria… (levantarse a las 6,15, instrucción mañana y tarde, toque de queda a las 21,00).

El lunes 14 de marzo el contingente marcha hacia el frente para unirse, el sábado 19, a los restos del batallón Lincoln, acampado en los alrededores de Batea. Contando los 125 recién llegados de Tarazona con Bessie, el Lincoln tendrá entonces solo 350 hombres (el tamaño normal de un batallón era de 600-700). Se han perdido muchos en Belchite, en la retirada por Albalate e Híscar y en la batalla de Caspe, donde han aguantado bien la embestida fascista. Pero ahora tienen que recomponerse de cara a un previsto contraataque… para el que la 35 División Internacional (XI, XIII y XV BBII), dirigida por el general Walter, carece de hombres y armas. Bessie narra con detalle el día a día. Aquí algunos datos extraídos:

“Domingo 20 de marzo:… No hay rifles en el batallón Lincoln-Washington, ni ametralladoras”…

“30 de marzo; [se expiden los rifles] ‘Mexicanski’, sin usar. 15,00, salida del campamento, 30 km de marcha forzada de regreso a las líneas”.

“31 de marzo: …En primera línea… Nuestra primera acción… Batalla desde las 9 de la mañana hasta el anochecer… Sin comida todo el día y toda la noche. Sin dormir, excepto a cabezadas”…

“1 de abril: …17:30: comenzamos a movernos. Aunque no lo sabíamos, habíamos sido rodeados y se decidió atravesar las líneas fascistas al anochecer para tomar nuevas posiciones cerca de Gandesa. Estaba con la unidad de reconocimiento y un grupo de ametralladoras en el frente. Perdimos contacto con el cuerpo principal al anochecer, perdidos en territorio fascista. Entramos en el campamento fascista de Villalba sin saberlo, la alarma se activó y corrimos toda la noche, perdiendo equipo y munición. Escondidos en bosques, alejándonos hacia el este todo el día; los campesinos nos dieron agua y nueces mientras evacuaban, también en la dirección de Mora del Ebro. Llegamos a Mora de Ebro alrededor de las 16:30 después de 25 horas de fuga; pies doloridos, agotamiento (2 de abril). Los fascistas llegaron pronto a Mora. Volamos el puente y nos retiramos a la otra orilla. Cientos de hombres de todas las unidades de la BI, desorganización total, hombres vagando por ahí buscando sus unidades. Sin orden; desmoralización. Los fascistas empezaron a bombardear desde la otra orilla, forzando a nuestra artillería a retirarse”.

Estos son algunos ejemplos de los apuntes que va tomando Bessie sobre la marcha. En los meses siguientes su Cuaderno nº 2 describe sus quehaceres y afanes, insertos en el desafío de reconstrucción del batallón y de las unidades internacionales, donde el porcentaje de españoles es cada vez mayor: entre el 60 y el 80% de total. Inicialmente el Mando republicano, ante el temor de una tentativa franquista por franquear el Ebro, encomienda a las cinco Brigadas Internacionales la misión de proteger la línea del río entre Mequinenza y su desembocadura. Cuando por fin se ve que el interés de Franco se centra en el avance sobre Valencia, el Mando republicano opta por preparar dos ofensivas. La primera, en mayo, se hará sobre el Segre; en ella las unidades internacionales intervendrían en caso de rotura del frente por parte de unidades españolas del Ejército del Este. La rotura fracasó y las BI no actuaron.

La segunda ofensiva programada es la del Ebro. Para ello se constituye el  Ejército del Ebro (dirigido por Juan Modesto), formado por tres Cuerpos de Ejército, con el protagonismo inicial del V CE (Líster) y del XVIII CE (Tagüeña). En el V CE se incluirán, entre otras, la 45 División internacional (XII y XIV BBII junto con la 139 BM) dirigida por Hans Kahle y en el XVIII CE la 35  División Internacional (XI, XIII y XV BBII) dirigida por Pedro Mateo Merino.

La brigada de Bessie, la XV, se dedica a preparar la operación en el valle del río Marsá, en el Chabola Valley. Bessie dedica  a estos preparativos la mayor parte de sus notas en el mes de junio y julio. Como ejemplo, este apunte:

“25 de junio: Ayer, o el día anterior, carta de Sullivan con fotos de Dan en Battery Park. Se ve bien y feliz. Anteanoche, maniobra de la brigada de cruzar un río. Cada batallón de la brigada ha participado en esta maniobra en la última semana, y a la 1 y media de la madrugada toda la brigada (Lincoln, Mac-Paps, británico y el 24 español) marchó 8 kilómetros hasta un pueblo a 4 km de Marsá, cruzó un río seco a las 5a.m. y atacó una montaña. Todos los comandantes han recibido instrucción en esta táctica, todas las compañías la han practicado por separado y sigue practicándose. Lo que parece indicar que en un futuro próximo podríamos ser llamados a cruzar un río bajo fuego. ¿Será el Ebro, aquí abajo, o el Segre en el frente Lérida-Tremp-Balaguer?”

Pero hay otros temas en sus apuntes, como la marcha de la guerra en otros frentes, la llegada (o no) del tabaco, las enfermedades (tifus, diarrea…), las fiestas de confraternización con los españoles, alguna escapada al mar, las cartas de los EEUU, la moral de los voluntarios…

A principios de junio anota en su Cuaderno:

“…La moral en sí misma no es muy alta entre los Internacionales, la mayoría de los cuales han estado aquí durante mucho tiempo y quieren irse a casa y no hablar de nada. Debaten sobre la posibilidad de nuestra retirada desde todos los ángulos y en términos del cumplimiento de un deseo inconfundible. Hay insatisfacción entre los buenos miembros del Partido con el propio PC o, mejor dicho, con varios aspectos de su trabajo aquí…”

Para elevar la moral y mejorar la relación con la población se celebró en Marsá una fiesta entre el 4 y el 8 de julio:

“…Buena comida jamón, pudín, chocolate caliente, papas fritas, ciruelas, 2 cigarrillos por hombre… Mientras tanto, el pleno del Comité de No Intervención se ha reunido y ha acordado el plan británico de ‘retirada de los Voluntarios extranjeros’. Inglaterra, Francia, Alemania e Italia han hecho un pago simbólico para cubrir los gastos de promoción del plan; la Unión Soviética ha aceptado el plan, con reservas, y se ha enviado a nuestro gobierno y a Franco para su aprobación. Los hombres no hablan de otra cosa y, aunque son escépticos acerca de la retirada fascista, parecen estar bastante convencidos de que nos retiraremos, que nosotros no volveremos a entrar en acción y que en pocos días o semanas seremos segregados del ejército regular español, en los puntos de concentración estipulados por el plan”…

El tema de la posible retirada de España de los soldados extranjeros, y por tanto de los voluntarios internacionales, va a ser cada vez más recurrente, como señala la siguiente anotación:

“18 de julio: …La situación entre los Internacionales del batallón sigue siendo la misma; moral baja, quejas constantes; nostalgia y asco por continuar aquí, y hacia cosas militares y españolas. La falta de disciplina es común (embriaguez, exclusivamente visible entre los Internacionales), insubordinación. Solo nos queda lo peor de los voluntarios internacionales, con pocas excepciones, chicos que han sido enviados desde batallones de trabajo y hospitales, inadaptados e inútiles. Su presencia y su comportamiento cotidiano amplían la brecha entre nosotros y los chicos españoles, que parecen haber perdido el respeto y la simpatía entusiasta que nos tenían. Los responsables de brigadas y comisarías están aplicando todo tipo de apoyo artificial para elevar la moral y la solidaridad internacional…Las BI… se han desgastado. Algunas brigadas, como la 13 (alemana) muestran mejores posibilidades y logros, mejor organización, disciplina, etc. Pero en general, somos una fuerza agotada”…

Pudiera parecer que los Internacionales no estaban dispuestos a proseguir la lucha en España, pero el propio Bessie anticipa que su impresión es demasiado pesimista: “Tal y como están las cosas, hay motivos para temer una posible rebelión si, con nuestra retirada inminente, se nos vuelve a llamar a la acción… Sin duda, la mayoría de los hombres… obedecerían órdenes y lucharían hasta el final, aunque muchos están cansados y hartos de la guerra. Pero no podrían luchar con el entusiasmo de antes, dándose cuenta de que podrían morir en la víspera de regresar a casa”.

La realidad resultó ser más positiva que el pronóstico anticipado y temido por Bessie. Los voluntarios lucharon bien en la ofensiva del Ebro, dando un último ejemplo de su generosidad y sentido de la solidaridad internacionalista. A narrar estos combates dedica Bessie su Cuaderno nº 3.

El 21 de julio la XV brigada salió del Chabola Valley rumbo a la Torre del Español, a donde llegaron el día 23 tras dos largas caminatas nocturnas. En la noche del 24 al 25 las brigadas del Ejército del Ebro fueron cruzando el río y marcharon hacia sus diferentes destinos. Los batallones Lincoln y Spanish avanzaron por La Fatarella hasta posicionarse al noroeste de Gandesa, Allí intentaron cortar la carretera que unía esta localidad con Villalba, pero no lo lograron. Franco había concentrado ya suficientes fuerzas (detraídas del frente valenciano) como para frenar el avance republicano. Valencia se salvó, pero la ofensiva del Ebro no llegó a más. Desde principios de agosto esta se convirtió en una batalla de desgaste en la que ambos lados tuvieron numerosas pérdidas: los republicanos por la cantidad de bombas y proyectiles que recibieron, los franquistas por la resistencia numantina (más de tres meses) que se encontraron.

Tras un descanso, del 7 al 16 de agosto, la 35 División Internacional relevó a la 11 División (la creada por Líster en 1937) en la zona de Pandols. La XV BI ocupó unas crestas a corta distancia de las fuerzas franquistas. Así contó Bessie su llegada al escenario:

“16 de agosto: anoche nos trasladamos a las 9:00, marchamos 12 km vía Pinel y, después, 2 horas y media de ascenso por montañas de 45 grados hacia una posición al sur de Gandesa. Bruscos acantilados, arriba y arriba. Agotamiento. Esta montaña, tomada por nosotros, retomada por los fascistas, retomada por nosotros. Toda la montaña, desolada y cubierta de rocas a prendidas y deslizantes, arrasada por bombas incendiarias. De aspecto lunar, todos los arbustos (bastante pequeños) ardieron; solo quedan los tallos duros que sobresalen de la roca agrietada. Absolutamente ninguna protección frente a la aviación o la artillería, muy activos en este momento. No hay fortificaciones posibles, excepto barricadas de roca que se rompen fácilmente con solo un golpe. Una posición lamentable para mantenernos: no hay agua, y tanto la comida como el agua deben ser subidos al a montaña por mulas y hombres, en tramos imposibles, sin puntos de apoyo”.

Aguantaron hasta el 27 de agosto en que fueron a su vez relevados para tomar un breve descanso. Tres días antes, el 24, la XV Brigada fue mencionada por Mando republicano “por su magnífica resistencia contra los ataques enemigos en nuestra colina 666”. Esta colina será mítica desde entonces para los voluntarios norteamericanos.

Durante ese descanso Bessie recibió la esperada orden de dejar el fusil y dedicarse, en la retaguardia, a la redacción del periódico de la brigada: The Volunteer for Liberty. Fue para él una gran alegría, ya que creía que podía ser más útil a la causa como escritor; por otro lado veía más posibilidades de regresar y reencontrarse con sus hijos; y, finalmente, ya se había demostrado a sí mismo su capacidad para conseguir uno de los objetivos que le había llevado a España: “lograr autodisciplina, paciencia y desinterés y la construcción de una vida engranada a otros hombres y a los acontecimientos mundiales”.

Con su nueva función no tenía que estar en las trincheras, pero sí tenía que estar al tanto de lo que ocurría en ellas. La siguiente anotación desmiente los pesimistas augurios escritos antes de la batalla:[2]

“13 de septiembre: Post-mortem: parece que no hemos contado con la resistencia de nuestros hombres durante los cinco días que estuvieron en esta última acción, la Colina 565. Antes de la acción parecían lo suficientemente desmoralizados como para haber desertado en masa o, al menos, mantener la cabeza baja y retirarse presos del pánico. En vez de eso, opusieron una resistencia realmente magnífica (tal como lo hicieron en la Colina 666 de la Sierra Pandols). Tras unos días de descanso volverán a hablar de los salvoconductos de París, de la repatriación, de sus quejas y de insistir en no volver a filas. Lo cual es un fenómeno, curioso por naturaleza, pero buena prueba de la solidez esencial del antifascismo de estos hombres (refiriéndome a los Internacionales). En general, los chicos españoles también han hecho un buen trabajo, a pesar de la presencia en sus filas muchos individuos débiles. La mayoría son tropas reclutadas pero han resistido mucho”.[3]

El Cuaderno nº 4 comienza el 5 de octubre y está dedicado a narrar los dos últimos meses de la estancia en España de Bessie. Los Internacionales fueron retirados el 24 de septiembre y la espera para regresar a la patria se le hará larga. Tanto la burocracia y hostilidad de la Comisión de evacuación (enviada por la Sociedad de Naciones, de Ginebra), como las dificultades interpuestas por el Gobierno francés de Daladier, ralentizaron su salida de España. A principios de diciembre Bessie cruza la frontera en dirección a Paris, esperando tomar el barco cuanto antes. Una huelga les mantendrá retenidos unas semanas en el puerto de Le Havre. Finalmente logran embarcar en Cherbourg y llegar a Nueva York antes de la navidad. Allí les espera “un magnífico comité de bienvenida de miles de personas”…

En resumen, los Cuadernos de la guerra civil española aportan un testimonio muy valioso de lo que fueron las Brigadas Internacionales, con sus luces y sus sombras. Es un texto muy sincero donde Bessie va reflejando día tras día lo que ve, vive y siente. Fue el material sobre el cual construyó su primera publicación, Hombres en guerra, sobre el cual  Ernest Hemingway comentó: “Un libro bueno, verdadero y honesto. Bessie escribe verdadera y finamente de todo lo que pudo ver… y vio lo suficiente”.

La traducción es buena; tiene algunos aspectos mejorables, a revisar, pero el texto original en inglés que acompaña al libro (una segunda buena primicia de este libro) permite su cotejo en caso de duda. Hay que aplaudir la iniciativa de la Universidad de Cádiz por la edición bilingüe y, sobre todo, al hispanista Randal Scamardo por la preparación de  este libro que completa su investigación sobre Alvah Bessie, iniciada por su Tesis doctoral, luego convertida en el libro, La España de Alvah Bessie.

NOTAS

[1] Se trata de la fortaleza de San Ferrán, en Figueras.

[2] “La mayoría de los hombres obedecerán órdenes y lucharán hasta el final, aunque muchos estén cansados y hartos de la guerra…Pero no podrán luchar con el entusiasmo de antes”.

[3] Son interesantes los comentarios de Bessie sobre los jovencitos reclutas (entre 16 y 18 años) que se adhirieron al batallón Lincoln y que serán conocidos como la “Quinta del Biberón”. Como él mismo escribió, pasaron de la admiración inicial a una especie de desencanto por la baja moral y cierto cinismo que a veces destilaban en el Chabola Valley. Durante la batalla del Ebro fueron remisos a luchar en los primeros combates, pero luego aprendieron de los Internacionales y lograron emular su conducta en guerra.