LAS BRIGADAS INTERNACIONALES MES A MES.

Presentación de Ángel Bahamonde.

Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Carlos III de Madrid

 

Sigue estando viva en mi memoria una fotografía de los años 60 en la que aparece un nutrido grupo de veteranos del batallón Abraham Lincoln que treinta años antes habían luchado contra el fascismo en tierras españolas. Portan su estandarte propio y algunas pancartas. Una de ellas con el célebre lema en castellano del “no pasarán”. Era la época de la invasión norteamericana de Vietnam y de la lucha por los derechos civiles de las minorías étnicas en Estados Unidos. Sí, habían pasado treinta años, pero ellos consideraban que la lucha que mantenían en aquel momento contra la opresión y la intolerancia era la misma que les había conducido a España en 1937.

Un buen libro de historia exige rigor y conocimiento. Un buen libro de historia suele proceder de un profesional llamado historiador, que conoce las fuentes apropiadas, que ha pasado muchos años reflexionando sobre el tema, que está al tanto del estado de la cuestión y que, por consiguiente, sabe hacer dialogar sus hipótesis de trabajo y la problemática planteada con la serie de libros y artículos que tratan similares contenidos. Severiano Montero cumple con todas estas características: es historiador de titulación, pero también de oficio. Se ha centrado principalmente en la época correspondiente a la guerra de España y en el desarrollo de las Brigadas Internacionales. Su papel como animador de las actividades de la Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales (AABI) ha supuesto un valor añadido al conocimiento que ya poseía de libros y archivos: el contacto directo con tantos veteranos que por cuestión de edad han ido desapareciendo a lo largo de los últimos años. Sí, un plus de emociones, un plus de comparaciones de épocas históricas diferentes, pero con problemáticas similares y con respuestas de estos veteranos que siempre desembocaban en la defensa de la libertad del ser humano, sin diferencias de etnia, sexo o condición social. Severiano es un auténtico pozo de enseñanzas sobre el mundo de las Brigadas Internacionales (BI). Es conocedor de decenas de trayectorias individuales de brigadistas. Ello le permite una comprensión de las BI que va desde la estructura al individuo, pero, así mismo, al revés. Precisamente, al comparar estos recorridos individuales obtiene conclusiones altamente rigurosas.

Severiano también comparte el contenido ideológico y emocional de los “Voluntarios de la Libertad”. La mayor parte de los historiadores hacen suya esta expresión. El debate historiográfico en este sentido es escaso, aunque hay excepciones. Algunos pseudohistoriadores han planteado que los brigadistas fueron enviados a España por la Internacional Comunista simplemente para garantizar la hegemonía del Partido Comunista dentro de la España republicana y con ello la conversión de España en un mero satélite de Moscú. Se trata de la misma visión, en términos edulcorados, que los franquistas trasmitieron a lo largo de la guerra, transfigurando los términos de “canalla” y “chusma soez” por los de ejecutores de la política de Stalin, sin tener en cuenta que el líder soviético ya había rechazado conceptual y políticamente la idea de la revolución socialista a escala mundial por la tesis del socialismo en un solo país. Es lo que se ha denominado la “política de respetabilidad” de Stalin, conducente a la incorporación de la Unión Soviética (US) al concierto de las naciones como un país más. Los voluntarios internacionales no vinieron a España a imponer una república soviética. Pienso que Severiano está de acuerdo con Antonio Machado: fueron los “caballeros de la libertad”. Conviene no olvidar que, junto a su condición de voluntarios unieron un recorrido intelectual y académico de altos vuelos, como demostrarían en tantas aportaciones posteriores. Se ha escrito, con fundamento, que los 40.000 brigadistas constituyeron el ejército de más sólida formación del siglo XX. La mayoría vino a España con convicciones ideológicas acrisoladas, bien cimentadas y a sabiendas de cuál era el papel que debían desarrollar.

Según los testimonios que ha recogido Severiano, y ha publicado en diversas ocasiones, nuestros voluntarios habían quedado literalmente horrorizados de los avances de los fascismos en Europa desde 1931. En efecto, cuando se proclamó la República democrática en abril de 1931 podemos decir que solo un país podía ser declarado fascista: la Italia de Mussolini. Pero, a la altura de 1936, el fascismo ya campaba además por sus respetos en Alemania, Austria, Portugal y en diversos países de la Europa oriental. A su vez amenazaba con fuerza en el occidente europeo. Recordemos el impacto causado por el intento de asalto a la Asamblea Nacional francesa por parte de las Ligas Fascistas en 1934. Hasta el punto de que cabe plantearse una pregunta: ¿cuántas democracias estables existían en la Europa de 1936? Se resuelve con los dedos de una mano. Igualmente había irritado a amplios sectores de la opinión pública la política de apaciguamiento del Reino Unido hacia la dictadura alemana. Más todavía, que amplios sectores del conservadurismo europeo consideraban a Hitler como el más firme dique de contención del comunismo soviético. Todo ello creó el clima propicio para esa toma de conciencia de tantos seres humanos, muchos de los cuales se atrevieron a tomar el camino español en 1936, con pleno conocimiento de que la guerra de España era el primer capítulo de la guerra contra el fascismo: en realidad lo que pretendían, aparte de ayudar al pueblo español a defender la libertad, era evitar que estallara la guerra mundial que los fascismos habían anunciado y estaban preparando. Sus fines eran francamente pacifistas; la mayoría de ellos lo eran por convicción.

Y se enamoraron de España. Podemos citar, entre otros, dos ejemplos: El brigadista que se enamoró, que recoge la memoria personal de James R. Jump (2024) y Recuérdalo tú. Una historia oral sobre la estancia de las Brigadas Internacionales en Madrigueras (2013) de Caridad Serrano. Es una de las cualidades historiográficas de Severiano: saber entremezclar, para crear estructuras totales de comprensión, cuestiones políticas, ideológicas, militares, antropológicas y emocionales. Así lo demuestra, sin ir más lejos, en su anterior libro La batalla de Brunete. Sencillamente magistral desde el punto de vista metodológico. Traslada a un espacio bélico determinado temas tácticos y estratégicos, sabiendo diferenciar ambos niveles, actitudes y respuestas políticas y emocionales del conjunto de los combatientes; como la incomprensión que tuvieron los militares profesionales fieles a la República de lo que era un ejército de base popular y el consiguiente menosprecio a los mandos de origen popular o miliciano. No encuentro paralelismo en ninguna otra obra dedicada a cualquiera de las batallas de la guerra de España.

Con respecto a las BI, Severiano ha publicado la antología lírica 50 poemas sobre las Brigadas Internacionales, las memorias del brigadista irlandés Bob Doyle, Memorias de un rebelde sin pausa, y ha participado en varios de los libritos de la serie Lugares de las Brigadas Internaciones en Madrid, que sirven de continuación a su trabajo Paisajes de la guerra. Nueve itinerarios por los frentes de Madrid (1987), que constituyó uno de los trabajos precursores sobre lugares de memoria de la guerra de España y lanzó un mensaje implícito sobre la necesidad de preservar el patrimonio histórico de nuestra guerra. En este sentido no me resisto sacar a colación la labor docente que Severiano realiza desde hace varios años para profesores de Enseñanza Secundaria en el marco de las actividades organizadas por el Centro Territorial de Innovación y Formación (CTIF) de Madrid Este: un curso sobre el patrimonio histórico-geográfico del Este de Madrid. No olvidemos que Severiano es catedrático de Historia y Geografía de Enseñanza Secundaria. Y por supuesto, tal como hemos señalado, Severiano coloca las cosas en su sitio y demuestra que esos voluntarios de la libertad fueron realmente compañeros en la lucha por la liberación del pueblo español. Lo expresó el presidente del Consejo de Ministros, Juan Negrín, en el discurso de despedida de las BI: “Muchas fueron las veces que los voluntarios internacionales, hermanados en la lucha, han escrito páginas gloriosas de nuestra epopeya”.

El tiempo y el espacio son los primeros materiales de un historiador. La presente obra es un libro sobre el tiempo y los espacios de las BI durante la guerra de España. De ahí su título. Resuelve problemas temporales que han ocasionado algunas confusiones entre historiadores. Pongamos un ejemplo: qué día comenzó a defender Madrid la entonces llamada “Columna Internacional”. No hay duda: el día 8 de noviembre, en los alrededores de Pozuelo, dos secciones de ametralladoras del batallón Comuna de París. Al día siguiente, 9, entró en combate la XI BI completa en el Puente de los Franceses y la Ciudad Universitaria para detener el avance de los regulares y legionarios por el parque del Oeste y el paseo de Camoens. El libro es así de preciso. Por eso es de gran utilidad historiográfica, que impone seguridad en todas sus afirmaciones. Otra novedad: este libro prolonga la actuación de los brigadistas después de nuestra guerra. De sumo interés es el último capítulo en el que se plantea el rol desarrollado por los brigadistas durante la Segunda Guerra Mundial, tanto en los ejércitos regulares como, sobre todo, en el mundo de la Resistencia. A mí me parece de sumo interés el papel jugado por los mandos de las unidades del Ejército partisano en Yugoslavia, casi todos ellos antiguos combatientes en España.

Deseo que esta obra satisfaga a los lectores interesados en el tema y, sobre todo, suscite y avive el interés de los jóvenes historiadores para que sigan la senda planteada aquí. Severiano seguirá trabajando sobre las BI, quizás no produciendo libros de este calado, pero sí numerosas referencias de toda índole sobre esta temática, habida cuenta de la pasión que siente por la recogida de testimonios y nueva información sobre el universo vital de las Brigadas Internacionales.

 

Prólogo

¿Qué impulsó a miles de hombres y mujeres de más de 50 países a dejar sus hogares, familias y trabajos para luchar en una guerra lejana, en defensa de una democracia que no era la suya? Han pasado 88 años desde octubre de 1936, cuando miles de hombres y mujeres de más de 50 países dejaron atrás sus hogares, familias y trabajos para viajar a España y unirse a una lucha que no era la suya, pero que sentían como propia. Eran obreros, intelectuales, artistas y estudiantes, unidos por un ideal común: defender la democracia y la libertad frente al avance del fascismo. Así nacieron las Brigadas Internacionales, un fenómeno único en la historia que reunió a unos 35.000 voluntarios dispuestos a luchar junto a la República española, una joven democracia sacudida por un golpe de Estado militar en julio de 1936.

El golpe, que triunfó en aproximadamente el 40% del territorio español —principalmente en provincias rurales—, derivó en una guerra civil abierta. Las potencias fascistas de la época, Italia y Alemania, no tardaron en involucrarse, apoyando a los sublevados con armas, tropas y recursos. Frente a esta intervención, las principales democracias europeas, Francia e Inglaterra, optaron por una política de no intervención, plasmada en el Comité de Londres. Este acuerdo, firmado también por la Unión Soviética, fue sistemáticamente violado por las potencias fascistas, lo que colocó a la República al borde de la derrota.

Ante esta situación, la Unión Soviética decidió actuar. A principios de octubre de 1936, comenzaron a llegar a España armas, tanques, aviones y asesores militares soviéticos, lo que permitió a la República resistir el avance de los sublevados hacia Madrid. Simultáneamente, la Internacional Comunista (Comintern) organizó una fuerza internacional de voluntarios dispuestos a luchar junto al Ejército Popular de la República (EPR). Así, lo que había comenzado como un movimiento espontáneo de solidaridad —con algunos centenares de voluntarios llegados durante el verano de 1936— se convirtió en un esfuerzo coordinado que llevó a la formación de las Brigadas Internacionales.

La base de Albacete se convirtió en el centro de operaciones de estas unidades, donde los voluntarios recibieron entrenamiento militar antes de ser enviados al frente. Con el tiempo, se formaron seis brigadas —la XI, XII, XIII, XIV, XV y la 129— que participaron en algunas de las batallas más decisivas de la guerra: la defensa de Madrid, Guadalajara, Brunete, Belchite, Teruel y el Ebro. Su papel fue crucial no solo como fuerzas de combate, sino también como símbolo de la resistencia antifascista. Sin embargo, el costo fue enorme: una cuarta parte de los brigadistas perdieron la vida, y más del 80% resultaron heridos.

A partir de febrero de 1937, el Comité de Londres prohibió la entrada de nuevos voluntarios extranjeros, lo que redujo drásticamente su número. Para compensar esta pérdida, las Brigadas Internacionales comenzaron a integrar a voluntarios españoles, y para el verano de 1938, entre el 60% y el 80% de sus efectivos eran ya españoles. En septiembre de 1938, el presidente del Gobierno de la República, Juan Negrín, anunció la retirada de las Brigadas Internacionales en un intento por lograr un final negociado de la guerra. Para entonces, quedaban en España unos 12.000 internacionales, muchos de los cuales enfrentaron dificultades adicionales para regresar a sus países debido a las restricciones impuestas por Francia y otros gobiernos.

La historia de las Brigadas Internacionales no terminó en España. Muchos de sus miembros continuaron la lucha contra el fascismo durante la Segunda Guerra Mundial, ya fuera en los campos de batalla o en la Resistencia europea. En 1945, consiguieron lo que habían empezado en España: la derrota del fascismo. Sin embargo, su legado va más allá de la victoria militar. Las Brigadas Internacionales representan un ejemplo único de solidaridad internacionalista, de lucha por la justicia, la libertad y la igualdad.

En el Epílogo queremos apuntar los variados itinerarios de los brigadistas en las décadas siguientes, haciendo hincapié en su lucha por mantener la memoria de su lucha y de los valores que los habían llevado a España. Una memoria que cada contingente nacional quiso organizar mediante la formación de Asociaciones ad hoc. Una memoria que, tras la práctica desaparición de todos los brigadistas, hoy tratan de mantener otras asociaciones memorialistas de amigos y familiares de las BI, como la Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales, que publica este libro. Y una memoria que se mantiene viva también, mediante las numerosas investigaciones y publicaciones que siguen haciéndose y mediante los memoriales y nombres de calles o plazas que perpetúan su recuerdo en ciudades y pueblos de muchos países.

La historia de las Brigadas Internacionales ha inspirado a numerosos autores, dando lugar a una amplia bibliografía que abarca desde testimonios personales hasta estudios académicos. Fernando Rodríguez de la Torre, en su monumental obra Bibliografía de las Brigadas Internacionales y de la participación de extranjeros a favor de la República (1936-1939), demostró que hasta 2006 se habían publicado 2.317 libros, a los que hay que añadir los miles de artículos sobre el tema. Muchos fueron libros publicados durante la guerra, otros son testimonios personales de sus protagonistas, estudios de los colectivos nacionales (británicos, norteamericanos, polacos, alemanes, suizos, austriacos, etc.) o sobre algún aspecto particular (sanidad, artillería, guerrillas…) de las BI.

Entre los libros generales que investigan y relatan la historia de las Brigadas Internacionales hay que destacar los de Andreu Castells (Las Brigadas Internacionales de la guerra de España, 1974), Remi Skoutelsky (Novedad en el frente, 2006) y Giles Tremlett (Las brigadas internacionales. Fascismo, libertad y la guerra civil española, 2020). Libros sólidos, de extensión larga y con abundante documentación sacada de archivos u otras fuentes solventes.

Este libro pretende contar su historia de una manera novedosa, utilizando la cronología como eje vertebrador. A través de 30 capítulos, uno por cada mes de su presencia en España, recorreremos su trayectoria desde su formación en octubre de 1936 hasta su retirada en 1939. Además, dedicaremos un capítulo final a su participación en la Segunda Guerra Mundial, completando así una epopeya que comenzó en España y culminó con la derrota del fascismo en 1945. En cualquier caso, este libro es deudor de todos los autores que han trabajado por ofrecer una visión histórica objetiva de las Brigadas Internacionales. Lo que se ofrece aquí es una síntesis estructurada, de forma distinta, de los resultados de sus investigaciones o de sus testimonios, todo lo cual agradecemos.

En las décadas posteriores, los exbrigadistas mantuvieron viva la memoria de su lucha a través de asociaciones y publicaciones, transmitiendo sus ideales a las generaciones futuras. La historia de las Brigadas Internacionales es, ante todo, una historia de solidaridad, valentía y sacrificio en un momento en que el fascismo comenzaba a extenderse por Europa. Hoy, en un mundo donde el fascismo y la intolerancia vuelven a amenazar nuestras sociedades, su ejemplo nos recuerda que la solidaridad y la lucha por la justicia no conocen fronteras.

Este libro es, por tanto, un homenaje a aquellos 35.000 hombres y mujeres que, en aquel momento crucial de la historia, decidieron que valía la pena luchar por un ideal. Su historia es nuestra historia, y su legado sigue vivo en cada lucha por la libertad y la dignidad humana. Como señaló Giles Tremlett, los brigadistas fueron los primeros en empuñar las armas contra una ideología que más tarde causaría millones de víctimas. Su valentía y determinación siguen siendo un faro para quienes creen en un mundo más justo y libre.