Levinger 2

Primer homenaje público en España al brigadista Sam Levinger

Sam fue uno de los 2.800 norteamericanos (más de un tercio de origen judío) que vinieron a España a combatir el fascismo. Vino con 19 años y murió después de cumplir los 20. Luchó en el frente del Jarama y en las batallas de Brunete y Belchite. Bien sabía a lo que venía y lo que le esperaba, pero su inquebrantable fe en la necesidad de la lucha para conseguir un mundo más justo y, en ese momento, para frenar el fascismo, le llevó al sacrificio extremo, como explicó en carta a sus padres que se adjunta al final de esta nota.

En diciembre de 2010, Laurie Levinger -sobrina de Sam y autora de una emotiva biografía de su tío- se vino a España con su hijo Josh  para conocer los lugares donde luchó y donde Sam reposa. En el cementerio de La Puebla de Híjar rindieron un primer homenaje al valiente joven de Ohio.

Tres años más tarde, cuando se cumplía el 75 aniversario de su muerte, Luis Granell convocó a un homenaje para el domingo 29 de septiembre, homenaje al que se sumó la AABI con la presencia de su presidente Vicente Gonález. Han acudido pocos, una treintena de personas, pero menos de los que seguramente habrá cuando se realice el siguiente homenaje, que esperamos sea el próximo enero, mes en que está prevista la nueva visita de Laurie a estas tierras. 

Se puede leer una crónica del acto en El Periódico de Aragón

Aquí la carta que dejó escrita Sam para el caso de que le llegara su hora:

Queridos Padre y Madre:

  Supongo que cuando os llegue esta carta llevaré varias semanas muerto. La guerra es muy confusa, desde luego; he visto bastantes cadáveres certificados dando vueltas por aquí como para sentirme un poco escéptico. Pero si recibís ésta, y también un anuncio oficial, consideradlo definitivo.

  Este es el último día de descanso. Mañana vamos al frente a echar a los fascistas. No tengo dudas de que lograremos que se larguen de aquí, aunque será a un precio considerable; y dado lo bueno que es el Batallón Lincoln, estaremos en medio de ello.

  Me aferro todavía a mi convicción original de que seguiré con vida mucho después de que un montón de dictadores hayan muerto por el plomo o con las arterias colapsadas. Pero me he equivocado antes en otros asuntos; así que he decidido escribir esta carta.

  Ciertamente, no me entusiasma la idea de morir. Me lo he pasado muy bien en mis primeros veinte años a pesar de que, salvo los seis últimos meses, han sido bastante inútiles. Supongo que habría disfrutado igual de los veinte siguientes. De todas formas, quería escribir esta carta para dejar claro que no hay absolutamente nada de lo que me arrepienta.

  Si volviera a vivir creo que me uniría de nuevo a esta lucha, en este lugar crucial. Había una tarea muy importante que hacer aquí y fui uno de los hombres que se decidieron a llevarla a cabo. Es una lástima que al hacerlo una buena cantidad de nosotros resultáramos muertos, y el que yo muriese es todavía más lamentable desde nuestra perspectiva. Pero eso carece de relevancia respecto a la necesidad de emprender esta tarea. La diferencia entre el fascismo internacional y el socialismo internacional es demasiado grande para permitir que nuestra seguridad sea un factor a considerar.

  Lo siguiente que quiero pediros es que no veáis esto fuera de contexto. Cambiar el mundo es un asunto muy serio. Ha producido la muerte y seguirá produciendo la muerte de miles de muchachos tan queridos para cualquiera como yo lo soy para vosotros. Los fascistas quieren guerra, y les daremos guerra a muerte.

  Sois más afortunados que la mayoría de los padres, porque todavía tenéis dos niños con futuros muy brillantes. Tenéis oficios realmente valiosos. No estoy tan capacitado para valorar el trabajo de Padre, aunque soy consciente de que es de gran valía; pero en mi terreno, el de un autor, puedo decir que Madre se convertirá en una de las mejores escritoras de su generación. Y todavía tenéis que lograr la emancipación de América.

  Creo que mis ideas sobre la inmortalidad coinciden ampliamente con las vuestras. Escribí una vez un pésimo poema: “Si lo que aguarda es oscuridad dormiré, si es luz despertaré”. Así que, si volvemos a encontrarnos, será genial; si no, hemos disfrutado de muchas alegrías juntos mientras duraron.

  En cuanto a mis amigos, hacedles llegar mi cariño si os encontráis con ellos. Contadles que os dije que sólo hay una cosa que merezca recordarse: que hay un camarada menos para hacer el trabajo del soldado insatisfecho. Algo tendrán que hacer todos ellos para compensar mi baja. A ver si eso hace que algunos de ellos dejen de ser tan independientes y pasen a la acción.

  Ha sido una carta torpe. Sólo quería decir que os quiero muchísimo a los dos, y todo eso. Y también que esto no es tan grave.

  Amor y saludos revolucionarios.

  Alegría para el mundo.

Samuel Levinger.