Goodbye 4

El recuerdo de las Brigadas Internacionales vive en Goodbye Barcelona

Venimos anunciando desde hace meses la puesta en escena de este musical estrenado por vez primera en Londres en 2011, 75 aniversario de la creación de las Brigadas Internacionales. Ahora, dos años después, cuando se cumple otro 75 aniversario -el de la despedida de las Brigadas Internacionales-, se pone en escena en Barcelona.

Ningún lugar mejor que esta ciudad para hacerlo; fue en esa ciudad donde el pueblo español, bien representado por la población de Barcelona, hizo el mayor homenaje de la guerra a los restos de aquellos miles de voluntarios que vinieron libremente a defender la democracia y la libertad de España. Fue el 28 de octubre de 1938, en la avenida del 14 de abril (hoy Diagonal), donde catalanes y españoles dieron un adiós emocionado a los héroes amigos y donde estos pronunciaron un adiós más emocionado aún a Barcelona,entonces símbolo del pueblo español.

Julio Castro  ha escrito en  la RepúblicaCultural.es esta magnífica reseña:

Si Sam hubiera sabido lo que iba a ocurrir en España, cuál iba a ser su lucha en el frente republicano y con lo que se encontraría, con mucha más razón habría falseado sus datos para apuntarse.

Si la madre de Sam hubiera sido consciente de lo que estaba destinado a las Brigadas Internacionales, de cómo se portarían los gobiernos retrógrados de los Estados del entorno europeo, y la cobardía que mantendría a l@s luchador@s libres del mundo cada día en el frente de batalla, tampoco habría podido impedir que su hijo viniera, pero ni siquiera ella habría dejado de alistarse para venir a ayudar y a buscarle desesperadamente.

La vida no es en general lo que se espera, pero si cada cual busca la suya, acaba siendo mucho más de lo que se pensaba. Así les ocurre a los personajes de este teatro musical que se estrenó en Barcelona, porque cada uno de ellos es un trocito de lo que los fascistas desmembraron en nuestro país, y siguen destruyendo por todo el mundo aún hoy día.

Consecuencia del primer estreno en Londres en 2011, adaptado dramatúrgicamente, pero también históricamente al lenguaje de aquello que hoy día ya sabemos en nuestra sociedad, el texto y la música de Judith Johnson y KS Lewkowicz, han sido aproximados por Carlos Be y Dani Campos, respectivamente, para ofrecernos un resultado próximo a nuestra realidad histórica o, lo que es más importante, a la de sus protagonistas, que dirige Fran Arráez.

Hay que agradecer que el aparente leit motiv de una historia de amor, no logre colapsar el tema argumental, sino que sirva para conducirlo, acercando a los personajes al público, así como a sus sentimientos más profundos. Tanto es así que podemos encontrar fácilmente el trabajo en los personajes que parecerían secundarios, pero que finalmente son quienes apuntalan el protagonismo de la historia.

Hablamos de un joven británico que, habiendo aprendido de su padre ya fallecido el ejemplo de dar la vida por los ideales, viaja a nuestro país a defender la libertad y la democracia. En el entorno de las Brigadas Internacionales encontrará que cada uno tiene sus motivos y pertenece a unas ideas políticas o personales diferentes, pero que todo el mundo está para hacer frente al fascismo que asegura extenderse por el mundo.

Si tengo que destacar a los personajes, no puedo evitar pensar en Jack, el voluntario veterano de la I Guerra Mundial al que da vida Pep Papell, que critica y se niega a comprometerse con un ideario de partido, pero que dentro de su profundo cinismo, es el primero en la lucha y trata de hacer comprender a los demás su desencanto. O Esteve, el anarquista que encarna Antonio del Valle, que logra dejar claro lo que es el ideal de lucha, y el de empeño en aunar voluntades, sin perder su identidad.

Son y eran gentes con formación política, pero, sobre todo, con objetivos claros en la vida como trabajadores y como proletarios del mundo. Venían a defender lo que en su país era impensable en aquellos días. Rebecca (Carme Mateu), la madre de Sam (Pau Quero), aborda el papel con sencillez pero con firmeza, que de otra manera no sería creíble en el empeño de defender a su hijo sin perder sus ideas: no ha venido a España a hacer de plañidera ni a ser un lastre, sino a apoyar la lucha mientras busca a Sam. Es evidente que los papeles de Sam y de su amada Pilar (Carol Rovira), tienen mucho del toque trágico shakespeariano (tal vez por la procedencia del original, que se ha obligado en parte a mantener en la versión actual), pero se alejan de la ñoñez, y en buena medida de los tópicos, mostrando realidades desgarradas de un país en guerra que no les deja vivir, en los momentos de separación. El de George (Joan Vásquez) es probablemente el más neutro, pero que hace de pivote aglutinante y nexo de unión entre los brigadistas, cumpliendo bien su papel.

Y si tengo que hablar de las voces, inevitablemente es Manoli Nieto la que logra enamorar a cada ocupante de las butacas en sus momentos marcados de intervención. Su voz parece tímida en principio, para descargar todo le peso en la fuerza de dejar caer texto y música a medida que va avanzando. Si la primera vez desconcierta por lo inesperado, las otras veces no permite que la escuches en conjunto, porque está señalada. Tengo que decir inevitablemente, que los papeles del coro (Gara Roda y David Mauricio), secundarios en actuación, también están presentes en el elenco (voz y movimiento) y no son meros muebles. Seguro que no saben serlo.

Es un claro ejemplo de cómo hacer una buena selección de casting, porque los papeles tienen mucho que ver con el último significado de los personajes en la dramaturgia. Así que, no desvelo nada si digo que Manoli Nieto es La República, está por encima de los sucesos que la quieren destruir, pero en medio de los sufrimientos del pueblo, así que aparecerá vestida de morado sobrevolando y asentando con su voz.

No hablaré de la obviedad de los frentes políticos, que en estos personajes logran una perfecta convivencia pese a las peleas, discusiones e incomprensiones, porque con las B.I., cuando se dice a luchar, no hay otra palabra. Pero Sam, finalmente, viene a ser el hijo que se queda, o el alma que dan los Brigadistas a cambio de su empelo en la pelea. Pilar es el amor perdido que siempre añoraron estos valientes (doy fe de ello), al partir de nuestro país y hasta el regreso o la muerte de muchos (pensemos que muchos tomaron la nacionalidad española cuando se promulgó la ley para ello, pero se negaron a jurar lealtad a un rey, que a dignidad no les ganó nunca nadie). La madre de Sam es la pena que regresa a su país natal, negándose a aceptar la derrota de esta guerra, para encontrarse con que inevitablemente tendrían que sufrir otra mayor en sus propias casas. La República es lo que nos lleva aguardando desde entonces, una vida justa, igualitaria, libre y democrática, que entre tod@s tendremos que aprender a construir. Aunque no nos dejen.

Hay que agradecer a los autores originales de este trabajo, pero también a quienes integran hoy el que se ha puesto en marcha. Han tenido un duro trabajo que, económicamente, seguro que no tendrá suficiente recompensa. Les queda mucho recorrido y los llenos ya están asegurados. El riesgo de elegir el catalán como idioma para iniciar esta andadura, demuestra que no estamos antes un proyecto maniqueo, que seguro que le aguardan otras lenguas, porque sé que vendrán a Madrid y a muchos otros sitios, sea en el idioma que sea, porque el idioma de las Brigadas Internacionales era el del lugar por donde pasaran, así que ese es un buen ejemplo.

No esperen grandes decorados, porque el juego con cajas de madera, grandes, enormes o pequeñas sirven como atrezo principal y decorado, además de un fondo fijo, muy apropiado para el resultado de iluminación, que sirve tanto para efectos como para momentos estáticos: eso es saber jugar una buena baza en la producción, sin desvirtuar el producto principal.

Hay música en directo, y eso es importante, porque aporta que hay vida dentro de esta vida, y también en el patio de butacas, sobre todo porque los músicos están implicados en dar forma a la adaptación de las partituras y a llevar fielmente la calidad del original, así que esto se le debe agradecer a Dani Campos (piano), a Quico Pugés Suárez (violoncelo) y a Miquel Biarnés Masip (batería).

En estos primeros meses el Teatre del Raval se queda pequeño para los llenos que hay, pero tiene la ventaja de la cercanía, tan importante y necesaria, aunque confío aún en verlo en lugares mucho mayores.

Y por si queda alguna duda, el día en que asisto a la función en Barcelona, observo que numerosas personas del público son británicas, han venido expresamente a ver el montaje, y al finalizar la función, alguien muy cercano al creador de la música original se acerca y felicita al director de este montaje, y le felicita porque el resultado es mejor y más espectacular. Si ell@s lo dicen, debe de ser así y supongo que así será. Sólo sé que este es muy grande.