Palabras de Ignacio Martínez en el Acto-Homenaje a los uruguayos caídos en la defensa de la República en la Guerra Civil Española

Parque 2ª República Española, Pueblo Santiago Vázquez, domingo 7 de noviembre de 2021.

Buenas tardes para todos.
Me han invitado a decir unas palabras en homenaje a los que lucharon por la República en España, durante la Guerra Civil entre 1936 y 1939, y particularmente en evocación a los que cayeron, que conoceremos como los Brigadistas internacionales o simplemente los internacionalistas.
Se calcula que de todas partes del mundo acudieron entre 40 y 50 mil internacionalistas, de los cuales más de 10 mil murieron en diferentes escenarios de guerra, Madrid, Guadalajara, Brunete, Teruel y el Ebro. A finales de 1938 decidieron desmovilizarse y comenzar el repliegue que también fue extremadamente duro.
No solo se fue a luchar y a entregar la vida como lo hizo, por ejemplo, Luis Tuya, aviador, muerto en combate en los cielos de España contra la aviación nazi. También se fue a trabajar en atención médica, en alimentación, en preparación de pertrechos para los diferentes frentes.
Entre todos estos internacionalistas, nuestro pueblo estuvo presente con trabajadores, profesionales, militantes, hombres y mujeres dispuestos a dar su vida por la defensa de la República y contra el fascismo.
Esta lista contiene los nombres de 54 uruguayos que fueron a España en agosto de 1936, pero diversos trabajos de investigación lograron ampliar esa nómina hasta llegar a alrededor de 80 compatriotas.
¿Sus orígenes? Hubo anarquistas, comunistas, militares demócratas, periodistas, intelectuales, trabajadores, gentes de diferentes características que participaron en el conflicto, de las más diversas maneras, contribuyendo con su solidaridad en donde fueran más útiles.
Esa solidaridad nació en Uruguay, íntimamente ligado a la Segunda República española, entre otras cosas por la presencia en nuestro país de una importante colonia de origen español. Pero no solo por eso. Teníamos en nuestro territorio una ascendente realidad también de corte fascista, donde sectores del gobierno de la época habían manifestado ya su admiración primero por Mussolini y luego por Hitler, lo que inmediatamente derivó en simpatías y adhesiones hacia Franco.
No debemos olvidar que el Dr. Gabriel Terra fue presidente de facto entre marzo de 1933 y mayo de 1934, e interino hasta junio de 1938.
La solidaridad que surgió en Uruguay con la Segunda República española (1931-1939) también se explica en que nuestro pueblo canalizó por ahí su descontento y oposición a la dictadura de Gabriel Terra (1933-1938). Recordemos que el 31 de marzo de 1933, con el apoyo de la Policía, dirigida por su cuñado, Alfredo Baldomir, por el Ejército y por el sector mayoritario del Partido Nacional, dirigido por Luis Alberto de Herrera, Terra dio un golpe de Estado, disolvió el Parlamento y censuró la prensa.
Mientras esto sucede en Uruguay, en España, generales golpistas como Sanjurjo, Mola y Franco, entre otros, organizan un levantamiento militar contra la República que da lugar a una guerra cruenta de muerte y destrucción que duraría casi tres años. Gabriel Terra, ya como dictador uruguayo, apoya decididamente primero al régimen fascista italiano, al creciente régimen nacionalsocialista alemán y al grupo dictatorial que se autoproclama Bando Nacional, encabezado por Franco en España.
Nuestro pueblo, formado por muy diversos orígenes, tuvo, sin dudas la procedencia primero de poblaciones provenientes de las Islas Canarias, pero luego también de Galicia, Asturias, el País Vasco y Cataluña para nombrar las más numerosas. Venían con sus sueños, sus ideologías y ya desde un primer momento se volcaron al trabajo para seguir levantando este país aportando, entre otras cosas, a la construcción de sindicatos, de centros de encuentro y estudio, de bibliotecas.
La Guerra Civil en España dividió al Uruguay porque aquí también se manifestaron con total claridad quienes estaban por la libertad y la República, por un lado, y quienes apoyaban el dominio de un eje nazi-fascista-franquista que tomaba fuerza en Europa y luego desembocaría inmediatamente en la Segunda Guerra Mundial. Uruguay de Terra (lo digo con vergüenza) fue uno de los primeros países del mundo que reconoció el llamado Movimiento Nacional de Franco.
Hubo también una solidaridad intensa e inmensa desde acá. Decenas de Comités de apoyo a la República se abrieron en nuestro país. Se enviaron barcos con toneladas de alimentos, vestimenta, dinero, medicinas. Para nuestro orgullo, estuvimos entre los países que más ayuda no militar se envió a los republicanos. Conciertos, encuentros culturales, deportivos o de otros tipos se hacían a modo de beneficencia con la España Republicana. El gobierno de Terra estaba en el otro extremo con importantes sectores pro fascistas en nuestro país. Un ejemplo de esto último bastaría nombrando que alrededor de trescientos militantes del Partido Nacional, liderado por su primera figura, Luis Alberto de Herrera, estaban afiliados desde Uruguay al partido fascista español llamado Falange Española Tradicionalista.
Para nuestra dignidad, anarquistas, socialistas, comunistas, batllistas, algunos sectores blancos, los estudiantes de la FEUU, los sectores anarcosindicalistas y la gente común del pueblo, organizaron y mantuvieron la solidaridad.
Es en ese marco que se produce el hecho de la conformación de un grupo de brigadistas internacionalistas que se dispone a viajar a España. Muchas de sus historias no terminan con la finalización de la Guerra Civil, sino que se continúan en los calvarios de los campos de concentración nazis instalados en Francia, hacia donde habían intentado huir. Algunos que sobrevivieron en el escape, no lo logran en esas pésimas condiciones de reclusión.
Los que vuelven a Uruguay continuarán por un tiempo en la solidaridad con España, pero enseguida se volcarán a la lucha mundial contra la amenaza hitleriana y la extensión que tendrán sus vidas y sus luchas exactamente por los mismos objetivos que, seguramente, llevaron en sus corazones cuando fueron para España: la libertad, la democracia, la autodeterminación de los pueblos y el anhelo de que algún día los seres humanos comprendamos, como lo habían comprendido ellos, que la patria es el mundo y el pueblo es la humanidad.
Muchos republicanos se refugiaron en Uruguay luego de la guerra. Muchos uruguayos se refugiaron en España en tiempo de dictadura. Vaya también, entonces, la afirmación de que el océano tiene varias orillas y dos de ellas, la de España y la de Uruguay, han sido siempre hospitalarias para recibir al perseguido. Esa solidaridad también es parte de esta plaza y de esta placa.
Los que hemos andado por el mundo y fuimos intensamente influidos por la historia de la Guerra Civil y las Brigadas, llevamos con nosotros, seguramente, aquellos versos de Machado que dicen:

Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.

Para ese mundo que despierta, permítanme terminar esta breve evocación trayendo a mi memoria a la mujer brigadista no siempre recordada y homenajeada como se debería. Me refiero a enfermeras, traductoras, periodistas, doctoras, e incluso, el recuerdo de la única mujer extranjera que estuvo al frente de un batallón republicano: la argentina Mika Etchebéhère, conocida como «La Capitana». En ellas evoco a nuestras mujeres compatriotas que de una u otra manera están en la memoria de esta placa y de esta plaza, pero fundamentalmente, evoco de la misma manera y con la misma intensidad a tantos anónimos y anónimas, que están y perdurarán por siempre en el corazón, la memoria y la esperanza de nuestro pueblo.
Muchas gracias

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