Olivos para la memoria: un homenaje a Kit Conway, Charlie Donnelly y el Batallón Británico en el Jarama

Hoy, 23 de junio, bajo un sol que parecía el mismo que castigó a los brigadistas en 1937, tres voluntarios hemos plantado seis olivos de la variedad cornicabra. No es un gesto menor. Lo hacemos a los lados de tres memoriales que guardan la memoria de quienes lucharon y cayeron en la Batalla del Jarama: el del Batallón Británico, el del poeta Charlie Donnelly y el del comandante Kit Conway. Cada uno de ellos nos habla desde la historia. El Batallón Británico, parte de la XV Brigada Internacional, erigió su primer memorial en un olivar, a 200 metros del frente, y aunque aquella piedra fue destruida, su recuerdo ha vuelto a echar raíces. Charlie Donnelly, un joven irlandés de solo 23 años, murió en esta tierra y sus últimas palabras se han convertido en un verso eterno: «Even the olives are bleeding» («Hasta los olivos están sangrando»). Y Kit Conway, también irlandés, comandante de la 1ª Compañía, cayó liderando a sus hombres un 12 de febrero de 1937; sus últimas palabras fueron: «Continuad con la batalla, muchachos, resistid».
Hoy, nosotros continuamos, pero no la batalla, sino la memoria. Y lo hacemos plantando olivos, el árbol que es símbolo de paz, de resistencia y de vida que renace. Donde ellos vieron sangre, nosotros plantamos raíces; donde ellos oyeron disparos, nosotros sembramos sombra y fruto.
La fecha tampoco es casual. Es la víspera de San Juan, una noche de fuego y renovación, en la que lo viejo se quema para dar paso a lo nuevo. Y el calor abrasador que hemos soportado hoy nos une, de algún modo, a la dureza que ellos vivieron en este mismo valle. Además, lo hacemos pocos días después de que, en 1937, el batallón británico abandonara el frente del Jarama. Como si hubiéramos vuelto, por fin, para honrar a los que quedaron.
Estos seis olivos no son solo árboles. Son monumentos vivos. Testigos mudos que, con el tiempo, darán sombra en un lugar que fue escenario de la masacre. Que la memoria de Kit Conway, Charlie Donnelly y todos los brigadistas del Batallón Británico no se seque nunca. Que sus nombres sigan brotando, como el aceite de estos olivos, en la tierra que defendieron con su vida.