Se realizó la XVIII Marcha de Brunete

El sábado 27 de junio celebramos, como habíamos anunciado, la XVIII Marcha de Brunete.

Como se esperaba, la asistencia fue escasa teniendo en cuenta las temperaturas de este tiempo. Pero el ánimo memorial reivindicativo de los participantes sí fue alto, a lo que contribuyó, como ocurre desde hace ya muchos años, la presencia de nuestro guía Ernesto Viñas. Con él pudimos apreciar uno de los fortines de la 2ª línea defensiva republicana y luego, tras cruzar el río Aulencia, situarnos en el camino que trajo la XV BI al escenario de la batalla.

Aquí exponemos dos testimonios de dos de los voluntarios que participaron en aquella batalla:

Bill Alexander. The British Battalion

El ataque comenzó antes del amanecer del 6 de julio y logró una sorpresa inicial. El batallón británico y la batería antitanque estaban en reserva al principio y observaban desde las colinas cómo las columnas de hombres, tanques y caballería avanzaban por la llanura. Parecía un terreno plano y marrón, con los ríos Aulencia y Guadarrama marcados por brillantes sauces verdes a lo largo de sus orillas, y los pueblos de la llanura, Villanueva de la Cañada y Brunete, destacando claramente bajo el brillante sol de la mañana. Pero pronto las cosas empezaron a ir mal y se cometieron errores.

Una unidad española apoyada por tanques no logró tomar el pueblo clave de Villanueva. La XV Brigada, que debía rodearlo y marchar rápidamente para tomar las alturas de Romanillos y, más allá, Mosquito, recibió la orden de tomarlo en su lugar. Las tropas que descendían de las colinas a través de la llanura pronto se dieron cuenta del carácter hostil del terreno: suelo seco y arenoso excavado en barrancos y profundos barrancos, sin más cobertura que los sauces que bordeaban los arroyos. Los campos estaban cubiertos de hierba seca.

 

Harry Fisher. Camaradas

 El 6 de julio de 1937 amaneció brillante, claro, caluroso y se­co. Llevábamos ya caminando varios kilómetros cuando nos de­tuvimos una hora antes de amanecer. Había un sentimiento de excitación, de euforia…, y de aprensión. Estábamos empezando una ofensiva. Los batallones Lincoln y Washington iban a sumarse a uni­dades españolas del Ejército de la República y a otras unidades de las Brigadas Internacionales en una ofensiva cuyo objetivo era el pue­blo de Brunete, en un esfuerzo para romper el cerco fascista sobre Madrid. Con el Batallón Lincoln estaban alrededor de 250 voluntarios que habían vivido los terribles y traumáticos días del Jarama; más de la mitad de ellos habían sido heridos, pero ya se habían rein­corporado a la unidad. También estábamos unos 40 hombres que nos incorporamos al Lincoln durante los últimos días del Jarama como refuerzos para cubrir las pérdidas sufridas allí. Estos 40 hombres, así como todos los efectivos del Washington íbamos a en­trar en acción por vez primera.

Mientras marchábamos no pudimos ver ni oír nada que nos recordase que allí había una guerra, por encima de nuestras cabe­zas volaban los pájaros, bajo nuestros pies crecían flores de suave fra­gancia y el cielo era azul y claro. En la lejanía podíamos ver los campanarios de las iglesias resaltando sobre los demás edificios. Mi garganta estaba seca y mi cantimplora vacía. Me sor­prendí a mí mismo imaginándome que estaba en una bañera lle­na de agua muy fresca y que después me la bebía. La marcha continuó; mientras caminábamos no hablábamos apenas, preguntándonos qué se estaría preparando delante de no­sotros. Hacia mediodía hicimos un alto. El comandante Oliver Law nos dio instrucciones: “Nuestro objetivo inmediato es el pueblo Villanueva de la Cañada, justo detrás de esta pequeña colina que se alza ante nosotros. A las tres de la tarde atacaremos”. Steve Nelson, el comisario político, nos dijo que el principal propósito de esta ofensiva era expulsar a los fascistas de la zona de Madrid.