Una investigación sobre la Playa de Madrid y los últimos días de cuatro brigadistas

Una Imagen
La imagen es conocida en el círculo de los historiadores de las Brigadas Internacionales, aunque durante mucho tiempo pocos han reparado en ella con la atención que merecía. Tres soldados, alemanes los tres, saludan con el puño en alto frente a un parterre de tierra. En el que se encuentra una fosa. Y clavado en ella, un cartel hecho con tablas que dice: “4 camaraden der Internationalen Brigade – Ganco Hadzi Panzovic, Broski Jvan – jugoslaveni, Grob. Desno-Pondesiek OIVJ, Josef Merter- 1 Bon 1 Compañía”.
Es diciembre de 1936. La batalla por Madrid es un infierno de metralla y barro. Esos tres voluntarios alemanes, que han estado luchando en la Ciudad Universitaria codo con codo, han llegado hasta este lugar para rendir homenaje a cuatro camaradas caídos. Dos de ellos, Ganco y Broski, eran yugoslavos y posiblemente todos pertenecientes al batallón Edgar André de la XI Brigada Internacional. Los tres que saludan caerán días después, en la batalla de Boadilla del Monte.
Nadie sabe exactamente que dia fueron enterrados. Solo se sabe que el primer batallón Edgar André de la XI Brigada estuvo, desde el 8 de noviembre hasta el 24 de diciembre de 1936, en Moncloa, Casa de Campo, la Ciudad Universitaria, El Pardo y Boadilla del Monte. Y que el lugar del enterramiento era la antigua Playa de Madrid.
El punto ciego
La investigación comenzó como todas: con paciencia y obsesión. Recuperamos imágenes de la Playa de Madrid de todas las épocas posibles. Catorce fotografías, desde 1932 hasta la actualidad, custodiadas en distintos archivos. Ninguna mostraba nada relevante. Parecía que el lugar no había sufrido grandes transformaciones, seguían estando los edificios, las calles, los jardines exactamente como en el proyecto del año 32, tan solo la vegetación parecía cambiar de una fotografía a otra. El lugar, que había sido la primera playa artificial de España, diseñada por el arquitecto Manuel Muñoz Monasterio en 1932, era un espacio enorme, con zonas ajardinadas, zonas de baño, un embalse del Manzanares y un edificio principal con forma de barco.
Nada. Absolutamente nada.
Hasta que localizamos dos dibujos del proyecto original. En el primero, un plano técnico con las zonas ajardinadas y el edificio principal. En el segundo, una perspectiva similar. Ambos, aparentemente, inútiles.
Y la investigación se estancó durante meses.
Y entonces, un día, mirando la fotografía de los tres soldados, intentando descifrar cada píxel, cada sombra, cada línea del fondo, apareció la cadena que había pasado desapercibida. No sé cuánto tiempo llevaba allí, frente a mis ojos, sin verla. Pero ese día la vi.
Regresé a los dibujos del proyecto. Revisé cada línea, cada trazo. Y de pronto, allí estaban: unas líneas en el dibujo que también habían pasado desapercibidas.
Desde ese momento, todo estuvo claro.
Todo barco de vela tiene un palo mayor, un palo de mesana y varios mástiles para albergar las velas, y el arquitecto había dibujado su palo de mesana.
En el dibujo aparecía un palo de mesana, un mástil de barco, clavado en el jardín frente al edificio principal. Sujetado por tres cadenas ancladas en tres parterres del jardín delante del estanque de agua.
Ese mástil y sus cadenas marcaban el punto exacto donde se situaba la fosa.
Noventa años después
Han pasado noventa años. La Playa de Madrid ha estado cerrada durante gran parte de ese tiempo. Pero hacia abril de 2026, nos disponíamos por fin a ir al lugar. Queríamos buscar los anclajes de hormigón en el suelo. Si las cadenas habían dejado huella, si los parterres seguían allí, ya que en las imágenes aparecían igual año a año, y podríamos localizar la fosa.
Pero el tiempo, implacable, se nos había adelantado.
Aunque el recinto pertenece a Patrimonio Nacional, en 2024 aproximadamente, una familia de hosteleros, el grupo El Enfriador, presentó un proyecto millonario para reabrir el edificio principal como cafetería-restaurante. El lugar, que había permanecido en el olvido durante décadas, renacía como El Náutico: un restaurante de dos plantas con capacidad para doscientas personas, una gran terraza y cuatro pistas de pádel cubiertas.
Aparentemente no se han practicado excavaciones. Pero se ha enlosado la parte de los jardines donde se localizaba la fosa.
El mástil ya no está. Las cadenas, que existieron los primeros años, han desaparecido. Y los anclajes de hormigón, esos que podrían haber sido la última prueba tangible, yacen bajo una losa de cemento.
La memoria bajo el asfalto
Cuatro brigadistas yacen en algún lugar bajo los pies de los comensales que, desde marzo de 2026, disfrutan de su rodaballo o sus croquetas en la terraza de El Náutico. Los tres soldados que les rindieron homenaje murieron días después, en Boadilla. Estos tres tendrían, al menos, la suerte de ser probablemente enterrados en el cementerio de Fuencarral, habilitado a instancias del general Lukacs, como cementerio de las Brigadas internacionales.
La Playa de Madrid ha recuperado su esplendor. El edificio de Muñoz Monasterio luce de nuevo sus barandillas náuticas y sus ojos de buey. El proyecto de rehabilitación, aplaudido por unos, criticado por otros, ha devuelto la vida a un espacio histórico.
Pero bajo ese brillo, bajo el blanco impecable de la fachada y el tintineo de las copas, sigue allí la fosa. Con su cartel de tablas. Con los nombres de Ganco, Broski, Pondesiek y Merter. Con los cuatro camaradas que cayeron defendiendo Madrid y que, noventa años después, siguen esperando.
La investigación terminó donde empezó: en una imagen. En tres soldados saludando. En un mástil que ya no está. En una fosa que nadie volverá a abrir.
“4 camaraden der Internationalen Brigade”.
Bajo el asfalto, bajo las terrazas, bajo el ruido del pádel y las risas de los comensales.
Allí siguen.
