Ebro septiembre 38

Las Brigadas Internacionales en la Batalla del Ebro. 3ª parte. Septiembre: resistencia y retirada

Juan Modesto. Soy del Quinto Regimiento


Resistir, resistir

Entramos en septiembre. Las dificultades de nuestra defensa iban en aumento por el desgaste del material que no podía ser repuesto. Al comenzar la batalla disponíamos de 120 cañones. Con los 19 conquistados al enemigo por las divisiones 42 y 35 llegaron a 140, si bien muy pronto 15 quedaron completamente inutilizados. A partir de septiembre un tercio de nuestra artillería estaba en reparación permanentemente. Si durante los 15 primeros días los parques de los Cuerpos V y XV podían reparar con sus propios medios una parte importante de las averías, por ser éstas de menor importancia, según avanzaba la batalla el porcentaje de averías sustanciales iba creciendo y tenían que ser reparadas en el Parque del Ejército. Y esto no era todo. El parque de proyectiles del calibre 10,5 mm se había agotado. Había que ir a municionarse a Barcelona. Eso representaba para el material del 10,5: 80 proyectiles al día.

Mientras tanto, en la frontera pirenaica estaban bloqueados decenas de cañones nuevos, comprados a la Unión Soviética, y ametralladoras. Esa era la «No Intervención» anglo-franco-norteamericana. Y en el campo enemigo las corrientes de material seguían en aumento. Era la intervención descarada de la Alemania nazi y de la Italia fascista. El desgaste de ametralladoras y fusiles, sobre todo de las primeras, por los bombardeos masivos de la aviación y las verdaderas oleadas de proyectiles de artillería, nos debilitaba también sensiblemente.

En septiembre se endureció más el signo de la batalla al cambiar el enemigo el carácter de sus acciones. Si hasta entonces había mantenido sus fuerzas y su técnica divididas en dos grandes masas, en adelante ambas, aun siguiendo encuadradas en dos Cuerpos –el Marroquí y el del Máestrazgo– actuarían concentradas en una sola masa y serían empleadas en una sola dirección. Así podía obtener más potencia de fuego, mayor capacidad de penetración, más superioridad.

El cuarto contraataque operativo dio comienzo el 3 de septiembre en dirección al cruce de Camposines. El Cuerpo del Maestrazgo, con las divisiones 1, 53, 74, 82 y 84 estaba concentrado al S. de la carretera, mientras el Marroquí lo estaba al Norte, entonces con las divisiones 4, 13, 50, 102 y 152. En el centro de su dispositivo de ataque (la comunicación Gandesa-Venta de Camposines) aparecía la brigada motorizada italiana. El frente de ruptura elegido por el enemigo al N. y al S. de la carretera era de unos 3 kilómetros.

Las fuerzas propias que asumían la defensa eran las brigadas de la 27 división, que seguía siendo mandada por Marcelino Usatorre y cuyo comisario era Avis Cundin. Los mandos y comisarios de las brigadas eran, respectivamente: Asturias y Sacedo en la 122; Celestino Uriarte y Alejandro Bustillo en la 123 y Ramón Saliva y Antonio Lloret en la 124.

En la mañana de dicho día 3 se pusieron en marcha los dos Cuerpos enemigos, llevando en primer escalón de combate: el Marroquí, las divisiones 4 y 13 con un batallón de tanques sobre la carretera, y el del Maestrazgo, las divisiones 53 y 82 al S de aquélla. Estaban apoyados… pero cedo la palabra al fascista Manuel Aznar:“Se concentró, además de la artillería de los Cuerpos Marroquí y del Maestrazgo, la masa legionaria (se refiere a toda la artillería del Cuerpo italiano) y una buena parte de la artillería del Ejército. Una fortísima operación preparatoria de bombardeos aéreos completó la obra de destrucción».

Es decir, unos 300 cañones y decenas de aviones -estos sucediéndose escalonadamente- bombardearon durante una hora larga, a la que siguió el ataque enemigo. Este se desarrolló desde los caminos de Aubatá, loma Gironesa y cota 442 del N. de Corbera. Estas alturas y las cotas 444, 449 y 402 tienen una historia de leyenda; mejor dicho, decenas de historias, de las cuales fueron artífices los hijos del pueblo en las jornadas de agosto y del 3 al 6 de setiembre.

El día 3, la cota 442, que defendía el 3er batallón de la 123 brigada, pasó tres veces de unas manos a otras. Hubo bajas muy sensibles, como la del comisario, que cayó muerto, y la del comandante, que resultó herido, pero las más terribles fueron las resultantes de un feroz bombardeo que enterró al 50% del batallón, el heroico tercer batallón, repito, de la 123 brigada.

Las unidades de las brigadas 122 y 124 se batieron también con arrojo ejemplar durante los días 3, 4, 5 y 6. La cota 444 es la gloria de la 124 brigada, de su batallón 496, como la cota 449 lo es del batallón 487 de la brigada 122. En ella estaba la posición que defendía la 2a sección de la 2a compañía, que mandaba el teniente Álvarez. Este y los hombres que le quedaban fueron rodeados de enemigos. Formó el cuadro y se batieron hasta el fin. Y cuando se les acabó la munición, continuaron luchando sin desfallecer con la bayoneta, con piedras y hasta con los puños. Mientras quedó un hombre en pie. La 4ª compañía contraatacó, cayendo herido su capitán, Estéllez. Los tanques rodearon la posición, pero los tenientes González Vidal y Llanos atacaron con bombas de mano y los hicieron recular. Al día siguiente, Yurba, comisario de la 4ª compañía, hizo retroceder a los tanques en otro momento crucial de la defensa de la posición, pero una granada enemiga clavó sus dardos de muerte en su pecho generoso. El comandante del batallón 487, Sariego, y el comisario Alcoberro fueron con sus reservas a ganar la cota 449 para honrar a sus camaradas caídos. Y la ganaron.

Una vez y otra los hombres de la 124, como el sargento José Companys, el cabo Juan García y los soldados Gil Sangles, Antonio Mila y Esteban Olet, semicercados, hicieron retroceder al enemigo. En la cota 444, el capitán Fernando Fernández, el comisario Juan José Rué, los sargentos Luis Ramos y Juan Ballester, los soldados Manuel Navarro y Antonio Ezequiel y, en un eslabón de resistencia, el capitán Juncosa con diez hombres, todos ellos de la 124 brigada, mantuvieron en sus manos todas las posiciones.

El día 5, la 123 brigada fue relevada por la 9ª de la 11 división, que entró para fortalecer la defensa y proseguir los com­bates. El enemigo había ocupado Corbera y venia sobre Caballs. Una y otra vez fueron rechazados sus ataques. A la táctica de aniquilamiento sobre la base de material, utilizada por el enemigo, nosotros oponemos, aún más que antes, la táctica de la economía de fuerzas, sobre la base de reservas bien situadas y de pegarse al enemigo casi a la distancia de lanzamiento de una bomba de mano.

Una información contradictoria me puso al rojo vivo en la madrugada del 5 al 6. La 35 división informaba que la cota 565, vértice de la Sierra de Lavall de la Torre, estaba ocupada por el enemigo. Y Joaquín Rodríguez, jefe de las fuerzas que habían reforzado a la 27 división el día 4, aseguraba que no y que esas fuerzas eran suyas. Me dio la noticia el jefe del E.M. del Ejército, teniente coronel Sánchez Rodríguez, agregando que lo primero lo anunciaba también nuestro observatorio de Caballs.

Le dije que iba a verlo sobre el terreno y que me enviara allí a Bascuñana. Minutos después estaba en el puesto de mando de la 35 división. Merino era uno de los mejores jefes de división del Ejército Popular. De ahí que siempre prestaba una gran atención a sus informaciones y juicios, así como le confiaba misiones de gran responsabilidad en la seguridad de que serian cumplidas. Con él y con su E.M. pude apreciar que la información era exacta. La triste realidad era que el enemigo había aparecido en la 565, cota dominante de la Sierra de Lavall de la Torre. Llegó Bascuñana y le mandé que escalara la Sierra de Caballs, a cuyos pies estaba situado ya su batallón.

–¡Con las ganas que tengo!, dijo. ¿Qué misión?

– Impedir que el enemigo descienda de la 565 hacia el Norte y el Este; enlazar por tu izquierda con la división 43 y por la derecha con la 35, apoyando con toda la potencia de fuego del batallón las acciones de la 35 división en Lavall de la Torre y hasta donde alcance.

En el cumplimiento de esta misión, Bascuñana fue gravemente herido días después. Merino había tomado ya disposiciones para comprobar sin equivocación lo que habíamos observado antes. El batallón 41 de la 11 brigada, el famoso batallón Edgar André, que mandaba el antifascista alemán Hugo Witmen, había recibido la misión de confirmar en manos de quién estaba la cota 565.

El batallón especial del Ejército ocupó el sector indicado y enlazó sólidamente con el flanco derecho de la 43 división. Con el capitán Cándido, segundo jefe del batallón, Bascuñana me informó que la cota 565 estaba ocupada por el enemigo y que éste se había corrido a la 551.Por su parte, el batallón 41 confirmó asimismo que el enemigo estaba en la cota 565 y que desplegaba ante la 551, preparándose para atacarle y quitársela. En aquellos momentos la 11 brigada estaba compuesta por alemanes, escandinavos, austriacos y españoles.

Puse los medios de refuerzo de la 35 a disposición de la 11 división. Sus combatientes hacían prodigios. Barcia, comisario de la 11 división en los eslabones de combate de la 9ª brigada y el jefe de ésta, el comandante «Corbata», eran un ejemplo. Las incidencias de la lucha habían dado al enemigo, que proseguía sus acciones con el mismo derroche de material y bombas, un ligero avance en el valle, avance lentísimo, pero peligroso.

Pasado el mediodía atacó la línea de cotas 386-362-287, en las inmediaciones de la comunicación al cruce de Camposines. Al O. avanzaba hacia el barranco de Bremoñosa. En el flanco izquierdo estaba ya paralizado ante nuestras fuerzas. Eran las 14,30. Había que tomar una decisión sobre la base de la 35 división. Estaba ante una alternativa: o hacer avanzar a la 13 brigada al encuentro del enemigo, abandonando las posiciones que ocupaba, o hacer avanzar a la 15 brigada, sin que la 13 dejase sus posiciones. Pero la estaba a 10 km. de allí.

Opté por lo último. En mi puesto de mando y en presencia de Valledor dí la orden a Merino de que la 15 brigada, montada en camiones, viniese al encuentro del enemigo, sin perder ni un minuto en su movimiento, con el objetivo de contraatacar al enemigo para ocupar la línea de cotas 287 -362-368 a ambos lados de la carretera. El punto de embarque, donde se encontraba la brigada. Y el lugar de desembarque, el km, 451.

Ordené a Goiri, jefe de artillería del Ejército, que en el plazo de 15 minutos tuviera preparados todos los medios disponibles para, en el momento en que apareciera el primer vehículo de la 15 brigada a la altura de mi puesto de mando (cruce de Camposines), hacer una barrera de fuego delante de nuestros tanques, a fin de proteger el movimiento de la brigada. Merino ordenó a sus subordinados la ejecución de esta maniobra, que fue realizada a la perfección.

A las 15,00 horas salió la primera columna de 30 camiones para su punto de destino. Quince minutos después los combatientes de la 15 (ingleses, canadienses, norteamericanos, latinoamericanos y españoles) echaron pie a tierra en el km. 452 de la carretera y se lanzaron desplegados hacia sus objetivos. Conquistaron la 287, pero la 362 y la 368 tuvieron que compartirlas con el enemigo a 50 metros unos de otros.

Veinte minutos más tarde, la segunda columna de camiones dejaba en su destino al resto de la brigada. En esta marcha sobre camiones para tomar contacto con el enemigo, la 15 brigada no tuvo ni una baja ni un vehículo averiado. Así se restableció y clarificó totalmente la situación, poniendo fin al peligro de ruptura que amenazaba partir al Ejército en dos. Los combates continuaron durante toda la noche con la misma violencia.

Hacia las 9 de la mañana del día 7 dieron comienzo los ataques enemigos en todo el frente. Decenas de tanques partieron de sus bases hacia nuestras defensas. La artillería los inmovilizó, pero 14 lograron cruzar la barrera de fuego artillera y avanzaron sobre la cota 287. Cinco máquinas de la brigada de tanques del Ejército salieron por el N. contra los tanques enemigos que, al verlas, dieron media vuelta. En ese mismo momento una oleada de aviones de bombardeo enemigos, protegidos por una cincuentena de cazas, se disponían a bombardear nuestras posiciones, cuando 40 cazas de la Gloriosa se lanzaron contra ellos. Los aparatos enemigos soltaron las bombas en sus líneas y dentro de su propio dispositivo. Y es que nuestra aviación, siendo muy inferior en número a la enemiga, era temida por ésta. Desde que la aviación republicana vino al Ebro, la fascista hacia cuanto podía por esquivada. No creo que la nuestra pasara de los 100 aparatos en este periodo de la guerra, mientras que el enemigo empleaba más de mil. Pero insisto, porque lo presencié en varias ocasiones: la aviación enemiga rehuía el combate por regla general. El combate aéreo de ese día fue una gran jornada para nuestra aviación.

En el primer mes de la batalla del Ebro, o sea del 25 de julio al 25 de agosto, la lucha de la aviación enemiga contra nuestras fuerzas y, principalmente contra nuestros medios de paso, quedaría registrada en el informe de la D.E.C.A. del que extraigo los datos que cito a continuación, con la participación de un total de 4.129 aparatos de bombardeo y caza.

De aquellos, 1.721 aparatos de caza Messerchmit (Mess 109 – 595), Fiat (C.R. 32-863), sin identificar 263 y 2.408 de bombardeo, de los que eran Bimotor Fiat (Br. 20-184), Bimotor Heinkel (He. 111-975), Bimotor Dornier (Do. 17 – 173), Bimotor sin identificar (290). Trimotor Junker (Ju. 52-585), Trimotor Saboia 81-55. Trimotores sin identificar – 43 y mono motores 103, que lanzaron 42.127 toneladas de bombas. Bombardearían todos los puentes y pasarelas 1.073 aparatos que arrojarían unas 21.000 bombas. Tocarían siete veces el puente de Mora, tres veces el puente de Ginestar y una pasarela. El balance de aquella actividad, intensa para la época, seria de 2.129 bombas para tocar un puente. El representante de las fuerzas aéreas junto al mando del Ejército del Ebro era entonces el comandante de aviación Armario.

Uno de aquellos días recibí la visita de los mandos fundamentales de la aviación de caza republicana. Creo no equivo­carme si afirmo que Zarauza, jefe de los «Moscas» y Arias, jefe de los «Chatos», encabezaban el grupo, integrado por Bravo, jefe de la escuadrilla del «biberón», Miguel Zambudio, Antonio Nieto, Álvaro Muñoz, Rafael Belda, Mario Cuesta y otros que no recuerdo. Aquella visita constituyó un paso más en el estrechamiento de las magníficas relaciones de camaradería entre las fuerzas de Tierra y Aire, relaciones que tenían una base sólida porque, en general; los pilotos de aviación habían salido de las unidades de combate de los diversos frentes.

Hablamos largo y tendido. Después recorrieron todo el frente, Con gran sorpresa vi que nuestra caza no tenía más mapas que los Michelin y les proveíamos de otros más apropiados. Al devolverles la visita en el aeródromo de Valls pude comprobar las estrecheces de su despensa. Creo sinceramente que en ningún país del mundo ha habido, en tiempo de guerra, aviadores que hayan vivido con las estrecheces y combatido con las dificultades de nuestros jóvenes y valientes pilotos. Al recordar su heroico combate en estas páginas, quiero rendirles el homenaje que se merecen.

Los combates del día 7, que se desarrollaron en el curso de toda la jornada y de la anterior en el estrecho frente de la carretera general donde las fuerzas de la 9ª brigada ocupaban la defensa en la cota 424 de las estribaciones de Lavall de la Torre, terminaron sin que el enemigo diera un paso adelante. En esos combates cayó heroicamente uno de los mejores entre los mejores comisarios del Ejército del Ebro: el camarada Ángel Barcia, de la heroica 11 división, muerto en la cota 424 de Caballs el día 7 a las 10 de la mañana.

El mismo día 7 tomé la decisión de crear un sector independiente entre los Cuerpos V y XV, encargando de su mando al jefe de la 35 división y dándole el nombre de dicha unidad. A partir del mediodía le fue encomendada la responsabilidad de la defensa en la dirección del cruce de Camposines, en el frente carretera general, incluida la cota 565. Puse a su disposición el batallón especial del Ejército y ordené al jefe de artillería que atendiera con preferencia las peticiones de fuego del mando del «Sector 35 división”. Finalizó la jornada del 7, que había amanecido tan fea, con una defensa sólidamente organizada al S. de Camposines, con éxitos tácticos locales de gran importancia. Incluso se hicieron unas decenas de prisioneros.

Los días 8, 9, y 10 prosiguieron los combates en todo el frente. Al S. de la carretera, los ataques enemigos, partiendo de las cotas 565, 561 y 424, en los descensos de la Sierra de Lavall de la Torre, fueron contenidos. Mejor aún, nuestras fuerzas arrebataron al enemigo, con sus breves y enérgicos contraataques, la cota 424. En ella se hicieron una cincuentena de prisioneros, entre ellos un sargento que informó, confirmando nuestras apreciaciones. En el centro de la carretera nuestras fuerzas pisaban el km. 451,500. Al N. de éste, ocupaban sólidamente la cota 287. En el flanco S. del XV Cuerpo, el enemigo desplegó ataques de gran violencia contra las unidades de la 45 división, sin resultados importantes. Desde que se marchó Victori, era comisario de la división José Sevil, que tenía la experiencia combativa de toda la guerra y del V Cuerpo.

Al final de esta jornada propuse a la 35 división para que fuera galardonada, por sus muchos méritos, con el «Distintivo de Madrid», y a sus tres brigadas, con la Medalla del Valor. Al jefe de la división, comandante Pedro Mateo Merino, le propuse para el ascenso al grado superior.

El enemigo puso fin el día 10 al cuarto contraataque operativo, aunque prosiguió sin interrupción la actividad de su artillería y aviación. Entre este contraataque y el próximo habría un intervalo de 9 días, lo que revela él desgaste que sufrió en el curso de los combates pasados. Nuestras fuerzas siguieron en las posiciones anteriores, con la ligera flexión producida en el centro de nuestro dispositivo y que ha quedado expuesta más arriba.


Cuando uno del Ebro vale por ciento

El quinto contraataque tendría como eje, igual que el anterior, la carretera Gandesa-Cruce de Camposines. En él se registró la presencia de nuevas unidades enemigas como la 5ª división, navarra, entre otras. El dispositivo que adoptó el Ejército del Ebro en la cabeza de puente fue el trazado en mi Orden de Operaciones n° 12 del 17 de septiembre:

Sector del XV Cuerpo: La 44 división (cuyo jefe y comisario eran, respectivamente, Ramón Pastor y Tomás Expresate): con dos brigadas en primer escalón y una en reserva cubriendo el sector menos activo desde el S. de Bayón, hasta las proximidades, al N. de Villalba de los Arcos. La 3a división, a caballo sobre el camino vecinal de la Fatarella a Villalba, enlazando al S. con la 45 división que cubría las estribaciones de la Sierra de la Fatarella, con la cota 356 inclusive. El otro flanco de la 45 enlazaba con el sector de la 35 división, unos 800 metros al N. del kilómetro 451. La 42 división en reserva, inclinada hacia el flanco S. del dispositivo del XV Cuerpo. El «Sector de la 35 división», con dos brigadas y el batallón de ametralladoras del Ejército en línea, y otra brigada en reserva cubriendo la carretera general y las estribaciones N. de la Sierra Lavall de la Torre y del vértice Caballs.

Sector del V Cuerpo: La 43 división, desde las alturas de Caballs que parten de dicho vértice al S., hasta la carretera Gandesa-Pinell y alturas de Pandols. La 11 división desde las estribaciones de Pandols hasta el río, sobre la margen izquierda del Canaletas al S. de Pinell. En reserva del V, la 46 división, sensiblemente orientada al S. del dispositivo del Cuerpo.

La táctica del enemigo en las jornadas de este contraataque y de los posteriores consistió en el empleo del material bélico de una manera aún más acentuada que antes. El mando enemigo buscaba la solución del problema estratégico que le habíamos creado y seguía teniendo planteado: reducir la plaza de armas republicana en la orilla derecha del Ebro, empleando toneladas y toneladas de proyectiles y bombas que perseguían el aniquilamiento de la defensa y que, en muchas ocasiones, cambiaban la fisonomía del terreno.

Una nueva avenida de aguas que se registró a partir del día 14 y el incremento de los bombardeos contra los puntos y medios de paso anunciaron la preparación del nuevo contraataque. La lucha del enemigo contra nuestros medios de paso consistía también en lanzar al río aguas arriba de Fayón, brulotes, minas de circunstancias y troncos de árboles. Por la velocidad de la corriente, dichos ingenios significaban en la práctica un enemigo no pequeño.

Al amanecer del día 19, las unidades del Cuerpo Marroquí iniciaron este contraataque sobre las unidades de la 45 división, al flanco izquierdo del XV Cuerpo, en la dirección prevista en mi citada orden de operaciones, por el valle de Vilavert- Partida de Fanjuanas. Cerca de 40 horas ininterrumpidas de los días y noches del 17 y 18 de septiembre duró la preparación de su artillería y aviación. .

El esfuerzo de la infantería enemiga, cubierta en sus movimientos y apoyada en sus acciones por los medios habituales, estaba dirigido a la conquista de las cotas 426 y 429. Pero la jornada terminó sin ningún cambio. Los ataques de las divisiones 5ª navarra y 152, que iban en primer escalón, no les dieron el objetivo perseguido. La firme resistencia de las unidades de nuestra 45 división hizo que el enemigo desistiera el día 20 de sus ataques a la cota 426 y concentrase su esfuerzo principal en la conquista de la 496. Ese día, el fuego de artillería y los bombardeos aéreos, que se prolongaron durante 7 horas (desde las 6,00 hasta las 13,00), redujeron el nivel de la cota 496, quemando en ella hasta los últimos rastros de vegetación y convirtiéndola en un campo desolado. Sólo de ese modo pudo ocupada el enemigo, que prosiguió su acción con la misma intensidad sobre la cota 477, coronada por sus tanques al final de la jornada. El mando del XV Cuerpo ordenó un contraataque para recuperar ambas cotas, situando la 227 brigada de la 42 división ante los km. 4 – 6 del camino vecinal Fatarella-Camposines.

Apenas amaneció el día 21, el enemigo atacó simultáneamente nuestras posiciones (45 división) en las cotas 377 y 356 y, más al S., las de la cota 287 y del Molino Farriols, defendido por la 35 división. Logró ocupar la cota 377 en el sector de la 45 división. En el sector defendido por la 35 división, los combates se prolongaron toda la jornada sin cambios en la situación táctica. Los numerosos ataques a la cota 287 fueron rechazados. Al S. de la carretera, la actividad enemiga y propia se desarrolló en torno al Molino de Farriols. Cada ataque enemigo encontró, además de una tenaz resistencia, la réplica correspondiente de las unidades de la 35 división. Hacia la medianoche, un golpe de mano de la 13 brigada sorprendió al enemigo, cogiéndole varios prisioneros, entre ellos un sargento del regimiento» América» de la 1ª división navarra. Esta había venido nuevamente a Gandesa, después de haber sido reorganizada por segunda vez.

El día 22, el enemigo prosigue sus acciones ofensivas al N. y S. de la carretera. Como en las jornadas anteriores, las acciones de su infantería eran precedidas y acompañadas de potentes concentraciones de artillería, densos bombardeos de aviación y un gran número de tanques. En el curso del día, el centro del ataque enemigo se fue transfiriendo: en el sector de la 45 división, a la cota 356; en el sector que defendían las unidades de la 35 división, a la cota 287. La primera de las mencionadas pasó a poder del enemigo a media jornada del 22. Este intentó descender, después de ganada y ocupar la serie de alturas al N. de la carretera y al SO. del cruce de Camposines, que forman el llamado Coll del Cosso. Extraordinaria violencia cobraron los combates en esta dirección, en la que el enemigo avanzaba lentamente. Pero los contraataques de las unidades de la 42 división, que relevó a la 45, cortaron el ataque enemigo, castigando a éste severamente y limitando su avance a la ocupación de la cota 356.

En el sector de la 35 división, la lucha por la cota 287, defendida por unos cientos de combatientes del batallón 50 de la 13 brigada, adquirió una terrible violencia. Aquellos combates son dignos de recuerdo imperecedero por las condiciones en que los muchachos del 50 tuvieron que combatir. Mandaba el batallón 50 el capitán Franciszek Ksiezározyk, polaco. El comisario (después de ser heridos los anteriores Boleslaw Maslankiewicz, polaco, y los españoles Rueda y Robles), era Boleslaw Jelen. Los ataques del enemigo sobre la cota 287, situada en las proximidades N. de la carretera a la altura del km. 315,5 (450,5) de la carretera Alcolea del Pinar a Tarragona, se sucedieron a la largo de toda la jornada.

En un principio el ataque enemigo tuvo como eje la carretera, actuando en un frente de unos 600 metros, repartiendo su esfuerzo entre la 287 y el Molino de Farriols, ambas posiciones equidistantes de la general. Pero en la situación creada, la 287 ofrecía un saliente en nuestra defensa, sin cuya reducción el enemigo no podía avanzar cómodamente sobre la comunicación Gandesa-Camposines. Era además un bastión de honor y de gloria del Ejército Republicano.

De los 50 tanques enemigos que participaron en éste ataque, 20 actuaron contra la defensa de la cota 287. Los muchachos del 50 batallón contaban con el apoyo de toda la artillería y de los tanques del Ejército. Una modesta batería de 75 mm, emplazada en el Con del Cosso, contribuía a la defensa de la posición. La buena cooperación en el combate de los hombres del 50 batallón (por sus efectivos reales, menos de medio batallón), de los tanques y de la batería, hizo posible la defensa con éxito de la posición a lo largo de toda la jornada.

En la mañana del 22 el enemigo realizó su primer ataque a la cota 287. En él participaban un batallón y 20 tanques. Tras la preparación artillera, que hacía estallar los campos de minas puestos por nosotros, los tanques desplegaron, seguidos de su infantería, semicercando la cota e intentando la subida. El fuego de la defensa separó la infantería de los tanques y la castigó reciamente. Luego abrió el combate contra los tanques fascistas, empleando las bombas de mano y averiando dos. Nuestros tanques inutilizaron otros dos desde sus posiciones de fuego y, con su movimiento, provocaron la retirada de los demás y de su infantería. Fracasado este ataque, el enemigo hizo una nueva preparación artillera de una hora. Un batallón de infantería se lanzó, con los últimos disparos, al asalto de nuestras posiciones. En apoyo de su infantería avanzaron los tanques enemigos (16 esta vez), que cambiaron su forma de actuación, atacando directamente la cota y comenzando a escalada por su pendiente Sur. Otros dos batallones de refresco se pusieron en movimiento protegidos por sus tanques. Estos últimos, ante la rauda y valiente acción de los nuestros, que se lanzaron a toda máquina sobre ellos, salieron en franca huida. La batería de 75 mm no cesó su acción y la firme resistencia activa de los defensores de la posición pegó al terreno la infantería enemiga, que más tarde seguiría a sus tanques, retirándose en desorden.

El siguiente ataque enemigo contra los defensores de la cota 287 no se hizo esperar. A la preparación artillera, que duró hora y media y facilitó el movimiento y la aproximación de los tanques y de la infantería enemiga a nuestras posiciones, siguió el ametrallamiento de éstas por la aviación de caza enemiga y la entrada en combate de dos escuadrones de caballería. Protegidos por una densa barrera móvil de artillería y un violento fuego antitanque de los cañones antiaéreos de 88 mm que cumplían misión antitanque contra nuestros ingenios blindados, los tanques enemigos consiguieron cercar la cota.

Su infantería, cuyo avance fue facilitado por el ametrallamiento de la caza y la aparición de los dos escuadrones de caballería (que por la sorpresa que causaron atrajeron sobre si los fuegos principales de la posición, sin que pudieran rebasar la línea alcanzada por los tanques, a cuya altura fueron diezmados, volviendo grupa los supervivientes y desapareciendo del lugar de combate), se aproximó a distancia de asalto de nuestras trincheras. En el proceso del combate, algunos núcleos enemigos irrumpieron en las trincheras. No obstante, el desenlace de este ataque enemigo siguió la misma suerte que los precedentes. Su infantería se replegó con grandes pérdidas, dejando cuatro tanques inutilizados sobre el terreno.

La posición del 50 batallón, condecorado con el «Distintivo del Valor», la ocupó el enemigo en la noche del 22 al 23, después de que aquél, cumpliendo órdenes del jefe de la 35 división, que yo aprobé, se replegó a nuevas posiciones, evacuando sus heridos y todo el material, y rindiendo honores a los caídos. Ese mismo día 23, el jefe accidental de la 46 división, Domiciano Leal, efectuó los reconocimientos para relevar con su unidad a la 35 división. Yo estaba con ellos, acompañado del teniente coronel Manuel Márquez, venido a la zona catalana para mandar un Cuerpo de Ejército. Habíamos bajado del observatorio y puesto de mando de la 35 división, situado en la contrapendiente de la cota 361 de Lavall de la Torre.

Nos sentamos en el ángulo de una zanja, Merino, yo frente a él, y Leal entre los dos. A dos metros de nosotros miraba Márquez. Estaban puntualizando con todo detalle en el mapa lo visto sobre el terreno. Nuestras cabezas se tocaban. En una de las pasadas de la aviación de bombardeo, Domiciano Leal cayó derribado sobre el mapa que estaba extendido sobre nuestras rodillas. Cuando quisimos levantarle, vimos que estaba muerto. Un casco de metralla le entró por la espalda, destrozándole. La dolorosa sorpresa nos dejó anonadados a todos.

Por mi mente pasó como un relámpago la imagen de la primera vez que vi a Leal, cuando conducía su batallón al combate en el asalto a Quijorna, durante la batalla de Brunete, después de haber conquistado el vértice Llanos. Llevaba vendado el cuello, en el que tenía una herida en sedal y me impresionó muy favorablemente su excelente actuación en aquel momento crítico. Su muerte era una gran pérdida para la 46 división, para el Ejército del Ebro, para el Ejército republicano. Esto sucedió en la mañana del 23. Ese mismo día finalizaron los combates que ilustran el quinto contraataque operativo enemigo. Es digno de señalar que en el curso del mismo se incrementó el paso de evadidos a nuestras filas.

En sus acciones anteriores el enemigo había conquistado posiciones importantes en el flanco izquierdo del XV Cuerpo. No había conseguido nada realmente serio, sino algunas posiciones de primera línea, como se ha señalado ya, y más al NO. el vértice Gaeta, ocupado por un batallón nuestro que mantenía en sus manos la falda NE. del mismo. El grado de heroísmo de nuestros combatientes lo proclama sin proponérselo, el fascista Manuel Aznar en su mencionada «Historia Militar de la Guerra», al decir: «Los Tabores (en el vértice Gaeta. J.M.) tienen que avanzar limpiando las trincheras con bombas de mano, cada diez metros, de un enemigo, al que no han podido echar ni nuestros repetidos bombardeos, ni nuestras concentraciones de artillería» . Recuérdese que los unos y las otras duraron 40 horas sin interrupción, día y noche.


Pedro Mateo Merino. Por vuestra libertad y la nuestra

El choque frontal de Camposines

Lo preveíamos y nos preparamos a conciencia para ello, mientras estábamos de reserva. Desconocíamos quien guarnecería estas posiciones, pero estábamos seguros de que mientras se mantuviesen, latiría el corazón de la cabeza de puente. Era su centro neurálgico. Allí confluían dos de las cuatro vías de comunicación que unían el frente con la retaguardia republicana. Las alturas circundantes eran como el esternón del dispositivo republicano en la margen derecha del río. Su posesión abría un camino sin obstáculos naturales hacia los pasos del Ebro. Aquí se librarían los más empeñados combates de toda la batalla.

Desarrollando las fortificaciones ‘que antes habíamos hecho, las tropas divisionarias procedieron a la creación de una potente zona defensiva, organizada en una profundidad de seis a ocho kilómetros, cubriendo en forma de escudo los accesos a la misma. La zona fortificada constaba de tres líneas: de vigilancia, intermedia y principal de resistencia. Tras ésta se hallaba la posición de las reservas divisionarias. Los trabajos se efectuaban de noche por las fuerzas de tres batallones de infantería y las compañías ZM de las brigadas y la división. Disponíamos para este fin de mil picos y palas del parque de ingenieros divisionario.

Dos brigadas, la XIII y la XI, guarnecían ahora con carácter permanente las citadas posiciones. Una brigada, la XV, y el batallón de ametralladoras constituían la reserva del mando divisionario. Desde el puesto comando, situado en la cota 380, dominábamos todo el sector centro del frente contra el cual descargaba el enemigo su cuarta contraofensiva. Tras adueñarse de ciertas posiciones de primera línea, los fascistas arremetieron contra el Vértice Gaeta, tenazmente defendido por unidades del XV Cuerpo.

Advertíase un marcado incremento de la actividad aérea y artillera de los facciosos; de nuevo comenzó la subida de las aguas del río. Y el 3 de septiembre una potente agrupación enemiga atacó Corbera desde el noroeste, conquistó las alturas al norte de la cota 442 y amenazó de revés el dispositivo de la 27.División. Ante el peligro de verse cercada, esta unidad se replegó hacia la sierra de Lavall de la Torre y estribaciones de Caballs. Para tapar la brecha formada y mantener Corbera en nuestras manos, el V Cuerpo de Ejército lanzó al contraataque la 11 División (brigadas 9 y 100), que junto a las unidades del teniente coronel Tagüeña libraba durísimos combates, causando grandes pérdidas al enemigo. En la soldadura de ambos cuerpos actuaban unos doscientos tanques, apoyados por la artillería italiana del CTV (doscientos cuarenta piezas) y toda la aviación de combate, seiscientos aparatos en total. En la mañana del 6 la situación en el sector de Corbera se hizo crítica; las quebrantadas unidades de la 11 División retrocedían bajo la presión enemiga, reorganizándose y ofreciendo resistencia en cada nueva línea del terreno. Al sur de la carretera los fascistas subían ya por las vertientes de la altura 565, posición importantísima de la que arrancaba la sierra de Lavall de la Torre.

Abajo, en el dispositivo del Estado Mayor, a través de potentes altavoces, sonaban los acordes rotundos de la nueva canción (ahora ya imperecedera) «El Ejército del Ebro», con su vivo mensaje de indomable y animosa entereza.

En este momento llegó a mi observatorio el coronel Modesto. Visitando el frente le acompañaba Juan Comorera, secretario general del Partido Socialista Unificado de Cataluña. Con ellos venía un grupo de oficiales: el mayor Enriqu Fábregas (2.0 jefe de Estado Mayor), el mayor Goiri (CGA) y el capitán José Soley Conde (jefe de Operaciones). Informé brevemente al comandante del Ejército de la situación creada en el frente de la 11 División. Las vanguardias del enemigo avanzaban al norte y sur de la carretera en la dirección Corbera-Venta de Camposines; en la altura 565 no había indicios de la presencia de nuestras tropas. Unos dos kilómetros delante de nuestra posición de vigilancia, en las estribaciones de la sierra de Lavall de la Torre, resistían las unidades de la mencionada división.

Y no se hizo esperar la decisión, tomada sobre el terreno, con todos los elementos de juicio a la vista: contraatacar con la brigada del segundo escalón, siguiendo el eje de Camposines-Corbera, delante de la zona defensiva, y restablecer la continuidad del frente. Efectuar su traslado inmediato en camiones al encuentro de la infantería enemiga. Adelantar sin demora un batallón de la XI Brigada y ocupar la cota 551 (al sudeste de la 565) en el flanco izquierdo, cortando el avance enemigo. Alertar a la guarnición de la zona fortificada (brigadas XIII y XI) con la misión de cerrar el paso al enemigo y detener su ofensiva en toda la línea, derrotándole delante del campo atrincherado.

Había que «adelantar al tiempo». Miramos el reloj. Eran las tres de la tarde. A corta distancia, en el parque automóvil divisionario, teníamos concentrados treinta camiones. En ellos se realizó el traslado de la XV Brigada al encuentro de las vanguardias enemigas. Delante de la columna marchaba una compañía de tanques. La transmisión de la orden, el embarque de los dos primeros batallones y el recorrido de los 10 kilómetros que mediaban hasta la línea alcanzada por los fascistas, requirió media hora. Bajo la cobertura de la compañía de tanques y del fuego de toda nuestra artillería, los batallones desplegaron a la carrera sobre la marcha y contraatacaron al enemigo en la línea de alturas 368, 362 y 287, rechazándolo a las contrapendientes. Media hora después desembarcaban los otros dos batallones, que, desplegándose al sur de la carretera, ocuparon el espolón un kilómetro al nordeste de la altura 565, restableciendo así la continuidad del frente. Luego de un empeñado combate, las tropas fascistas se vieron también detenidas en este sector. Aquí pereció, entre otros, el destacado comunista finés Kalle Manninen.

Las demás unidades de la XV Brigada efectuaron la marcha a pie, aprovechando las zonas desenfiladas y ocultas, y llegaron al lugar de despliegue al caer la tarde. El 41 batallón de la XI Brigada ocupó la cota 424 y el saliente al este de la 565, mas no consiguió desalojar al enemigo de esta última, que se hizo fuerte en la cumbre, de abruptas laderas cortadas a pico.

Esta arriesgada maniobra sobre camiones, a la vista de los observatorios fascistas; en la zona batida por el fuego de su artillería –con una superioridad técnica absoluta del adversario en tierra y aire–, estaba calculada para el rápido aprovechamiento de un momento propicio. En primer lugar, la aviación fascista acababa de abandonar el campo de batalla, el cielo estaba limpio; en segundo término, sólo hacía fuego la artillería de largo alcance, ya que el avance de sus tropas había obligado al enemigo a cambiar los emplazamientos de la artillería de apoyo directo y sus observatorios.

Estas dos circunstancias fueron audazmente utilizadas por el comandante del Ejército del Ebro, teniendo en cuenta la operatividad y coordinación de los Estados Mayores subordinados y el temple combativo de las tropas. La artillería enemiga no logró batir la columna republicana. Sólo algunas baterías hacían fuego disperso delante de las tropas atacantes. Ni un solo aparato atacó desde el aire la columna. La aviación fascista llegó con retraso. La decisión de no emplear para el contraataque las dos brigadas que guarnecían la zona fortificada -las más próximas- fue también justa y plenamente fundada, dado lo incierto de la situación en el flanco norte de la rotura operativa que el enemigo trataba de llevar a cabo con el empleo de numerosos tanques y gran masa de tropas.

Así, pues, tampoco esta vez logró el adversario efectuar la rotura del frente republicano del Ebro. Tras cada línea de la defensa republicana surgían ante las tropas facciosas nuevas y nuevas líneas y zonas fortificadas más potentes aún, desde las que eran contraatacadas y detenidas.

A nuestra derecha había contraatacado el XV Cuerpo de Ejército con fuerzas de la 45 División logrando rehacer la línea en su flanco izquierdo. A nuestra izquierda establecimos contacto con unidades de la 9 Brigada (comandante Carlos Rodríguez, comisario Andrés Cuevas), que se defendían en las estribaciones este y nordeste de la altura 565. Tras ella en la cota 424, se hallaba el 11 batallón de ametralladoras.

Por la noche, reforzadas con el 8 batallón de fortificaciones, nuestras tropas establecieron atrincheramientos en la zona alcanzada. En el flanco izquierdo, de comunicaciones difíciles, procedimos a habilitar para el transporte automóvil el camino carretero de Mas de Alvares, casi totalmente a cubierto de la observación terrestre del enemigo.

Al día siguiente, 7 de septiembre, las tropas fascistas reanudaron la ofensiva a lo largo de la carretera, con el apoyo masivo de tanques, artillería y aviación. La vanguardia enemiga, con catorce carros de asalto, atacó la altura 287. Batida por el fuego de nuestros tanques, perdió seis ingenios acorazados y retrocedió a las posiciones de partida. En la reconquista de las alturas 368, 362 y 356, a nuestra derecha, se distinguió el batallón Rákosi. Seguidamente el enemigo arremetió contra la cota 424, donde se defendía tenazmente la 9 Brigada y los restos de otras unidades de la 11 División. Sufriendo grandes pérdidas, mantenían la posición agotando sus últimas fuerzas. Allí murió Angel Barcia, comisario político de la mencionada división. Adelantamos al contraataque el 42 batallón, apoyado por el 41 (ambos de la XI Brigada) y el flanco izquierdo de la XV Brigada, rechazando al enemigo, que al anochecer se replegaba a la base de partida, dejando en nuestro poder una sección de infantería y sus líneas avanzadas. Ahora teníamos a retaguardia la antedicha cota. Entre los heridos de aquella acción recuerdo al sargento Sret Popovic (yugoslavo).

Durante toda la jornada se mantuvo en el aire la aviación republicana. Sus cazas, en patrullaje de unos veinte aparatos, tuvieron a raya a los bombarderos facciosos, impidiéndoles efectuar ataques masivos a nuestra defensa.

Al anochecer llegó la orden de operaciones del Ejército del Ebro. Asignaba a la 35 División el sector cota 287 -Vértice Caballs (660). Para su empleo en las acciones previstas por el mando se le agregaban dieciséis baterías de artillería, dos compañías de tanques (veinte carros de combate) y el batallón especial de ametralladoras y morteros del Ejército, que constaba de tres compañías de ametralladoras y una de morteros (con cincuenta piezas, en su mayor parte de 81 mm). Trasladamos el PC divisionario a la cota 360 de la sierra de Lavall de la Torre. Seguíamos directamente subordinados al coronel Modesto, cubriendo la dirección operativa central del Ejército del Ebro, entre los dos Cuerpos de Ejército.

El 8 de septiembre los fascistas iniciaron sus ataques en nuestro flanco izquierdo, siendo rechazados en toda la línea. Luego concentraron sus esfuerzos en la soldadura con el XV CE y mediante un ataque por sorpresa se adueñaron de la cota 356 –defendida por la XII Brigada (45 División), comandante Luis Rivas, comisario Emilio Suardi, italiano–, altura desde la que se flanqueaba con el fuego todo el dispositivo de la XV. Entra en combate el batallón Dombrowsky. Gracias al enérgico contraataque de la XIII Brigada el enemigo quedó cercado y fue aniquilado durante la noche, dejando en nuestro poder cuarenta prisioneros, ocho ametralladoras, un mortero y cien fusiles.

Más al norte, en las estribaciones de la cota 548, se batía denodadamente el 45 batallón divisionario (mayor Nikolaidis, griego). Entre sus admirables luchadores figuraban los oficiales yugoslavos Kosta Nadj, Peko Dapcevic, Dusan Kveder, Parnicki, y muchos otros relevantes antifascistas, futuros ministros y generales de la heroica tierra balcánica. Allí perecieron valerosamente el teniente Ratko Vukicevic, Zikica Ivanovic, Svetislav Jaric, Milos Vukovic, Ivan Kelek, Petar Poje, Cukulic, Ceric… junto a tantos otros camaradas. A las cinco de la tarde comenzó el ataque de la XI Brigada a la altura 565. Avanzó unos cuatrocientos metros tratando de envolver la posición enemiga por el norte, rechazó varios contraataques sin retroceder, pero los fascistas lograron mantenerse en la cumbre.

En la mañana del día 9, la 35 División tenía dos brigadas (XV y XI) en primera línea y una (la XIII) en reserva, con dos batallones tras el flanco derecho de la división, uno al sur de Camposines y otros dos (incluyendo el de ametralladoras divisionario) tras el flanco izquierdo. Sirviendo de escudo a la línea de reservas y protección del cruce desde el oeste, la XIII Brigada organizó una zona antitanque apoyada en las alturas 280, 260 y 262. Reiterando desesperadamente sus esfuerzos, el mando faccioso trataba de apoderarse a todo trance del nudo de comunicaciones y sectores adyacentes, de importancia vital para la defensa republicana.

Para estrangular la ofensiva enemiga hacía falta desplegar toda la potencia que encerraba nuestra unidad y su cooperación con las demás fuerzas del Ejército que actuaban a los flancos. En las órdenes cursadas por el Estado Mayor se requería a, los comandantes de todas las unidades subordinadas para que en el cumplimiento de la misión combativa manifestaran el máximo de iniciativa dentro del plan general de la división, observaran de modo directo y constante el campo de batalla desde sus PM emplearan eficazmente las reservas, procediendo a reconstruirlas sin demora una vez utilizadas. El escalonamiento en profundidad y la maniobra con el fuego y las tropas harían estrellarse sin remedio los propósitos fascistas. Ninguna formación, pequeña o grande, debía quedar sin reservas, prontas a contraatacar y ayudar a los vecinos.

En la segunda mitad del nueve, tras una larga preparación artillera, y precedido de doce máquinas acorazadas, el enemigo se lanzó al ataque contra los flancos interiores de las brigadas de primera línea, al sur de la carretera. Batiendo los tanques con cañones Oerlikon de 20 mm a tiro directo, las dos brigadas pasaron al contraataque. Nuestras fuerzas chocaron con el enemigo entre dos líneas y en combate cuerpo a cuerpo lo desalojaron adueñándose de las avanzadillas fascistas en el sector delimitado por la carretera y la altura 565. Actuando como emplazamientos blindados desde lugares escogidos, nuestros tanques inutilizaron dos carros de combate enemigos. Seguía el forcejeo, sin que nadie lograse cambios sustanciales. Mientras tanto, la aviación facciosa bombardeaba con saña en oleadas sucesivas nuestro dispositivo en la sierra de Lavall de la Torre.

Al día, siguiente pasamos al ataque en todo el frente. Algunos núcleos llegaron a la cumbre de la altura 565, más contraatacados luego de un intenso bombardeo de artillería y aviación no pudieron mantenerse en la posición conquistada. Durante el ataque cayó gravemente herido el jefe de Estado Mayor de la XV Brigada, capitán Malcolm Dunbar, de nacionalidad inglesa, que se niega a ser evacuado y continúa en su puesto con varias lesiones de metralla. La lucha adquiere en estos días suma violencia.

Siete bombarderos republicanos dejaron también caer su carga en las inmediaciones de Corbera, mientras nuestros aviones de caza –por un error de orientación, al parecer– ametrallaban las posiciones propias.

Durante los últimos cuatro días de ataques y contraataques, no obstante el empleo de grandes medios bélicos, los fascistas no habían conseguido avanzar ni un solo paso. De nuevo se alzaba ante ellos el muro infranqueable de la defensa republicana. La cuarta contraofensiva enemiga había fracasado. “Pese a que Franco lanzó nuevos refuerzos –dice el coronel alemán Rudolf von Xilander en su libro Apuntes de la guerra de España–, cientos de aparatos de caza y bombardeo y más de 100 tanques, la vigorosa resistencia de los rojos siguió inquebrantable”. Las tropas fascistas tuvieron enormes pérdidas y quedaron agotadas; su propio servicio de sanidad militar «resultó insuficiente para atender a los heridos que iban llegando». Esta primera mitad de septiembre ha costado al Cuerpo de Ejército del Maestrazgo (general García Valiño) 10.000 hombres; otros tantos causarían baja en el mismo durante el resto de la batalla.

En las cuatro últimas jornadas de incesantes combates, la División había perdido quinientos veintiún hombres, de ellos cincuenta y cinco muertos. Doscientos treinta y siete correspondían a la XV Brigada, ciento ochenta y uno a la XI, y noventa y tres a la XIII, incluyendo muertos, heridos y desaparecidos. La cifra total de bajas excedía ya de dos mil.

Los días posteriores, hasta el 17, el adversario no consiguió reanudar la ofensiva, limitándose a combates de importancia local, bombardeos masivos de la aviación y la artillería. En la noche del 11 al 12 de septiembre, la XIII Brigada relevó a la XV en el flanco derecho de la división. Con destino a ésta, para completar sus efectivos, llegaron quinientos antiguos desertores del Ejército republicano. Y el EMG estudiaba la posibilidad de utilizar a los prisioneros, ya que el potencial bélico humano se consideraba agotado en Cataluña, salvo los Cuerpos de Asalto, Seguridad, Carabineros, funcionarios públicos, organizaciones políticas y sindicales, donde había no pocos hombres de edad militar aptos para el frente, a los que el pueblo conocía por el apelativo nada honroso de «emboscados». La calidad de los nuevos contingentes planteaba graves problemas de asimilación y encuadramiento.

Por el sistema de observatorios y la exploración nocturna en el campo enemigo, advertimos aproximaciones y reagrupamientos de tropas que nos alertaron sobre los preparativos de una nueva acometida. Así lo afirmaron algunos evadidos del ejército franquista. Una potente agrupación de unidades se hallaba concentrada al sur de Villalba de los Arcos, ante el flanco izquierdo del XV Cuerpo. Convencidos de la imposibilidad de lograr la rotura a lo largo de la carretera –nos dijimos– preparan un ataque general contra nuestro vecino de la derecha y los contrafuertes montañosos de nuestro flanco norte. Decimos intensificar la vigilancia y mantenernos prestos. En la madrugada del 14 los facciosos elevaron en dos metros el nivel del río.

No estábamos desprevenidos. Habíamos seguido desarrollando el sistema de fortificaciones y, al dar comienzo la nueva ofensiva, la 35 División tenía en su dispositivo diez kilómetros de trincheras, muchas de ellas cubiertas; cuatro kilómetros de alambradas, de una y dos filas; mil novecientos nidos de fusam y ametralladoras; ciento noventa y siete pozos de lucha contra los tanques; veintidós emplazamientos de artillería anticarro, y cuarenta y siete puestos avanzados de tiradores. Las principales direcciones accesibles a los tanques se hallaban obstaculizadas con barreamientos de raíl es y campos minados.

Una contraofensiva más. Hacía la quinta. Cerrando su camino presentó batalla el Ejército del Ebro con seis divisiones en primera línea de la cabeza de puente y dos de reserva, orientadas hacia la cuña de Corbera, o sea, al centro del dispositivo. A nuestra derecha, en el flanco izquierdo del XV Cuerpo, se defendía la 45 División internacional (teniente coronel Hans Kahle, alemán; comisario político José Sevil); a nuestra izquierda, en el flanco derecho del V, la 43 División, guarneciendo las sierras de Caballs y Pandols.

Durante los días 17 y 18 de septiembre los fascistas sometieron a un intenso martilleo de su aviación y artillería las posiciones defensivas de las divisiones republicanas 3, 45 y 35. El 19 de septiembre dio comienzo la quinta contraofensiva, cuyo primer golpetazo cayó sobre el XV Cuerpo. En el frente de las divisiones 3 y 45 se desencadenó un violentísimo combate; no obstante sus frenéticos ataques, al declinar la jornada el Cuerpo de Ejército del Maestrazgo (reforzado ahora con la 53 División) habían sido rechazado en todo el frente. Completando la obra de la artillería facciosa, cuatrocientos aviones dejaron transformadas en áridos calveros las antes boscosas cumbres del Vértice Gaeta y alturas próximas.

Allí mismo insistieron con furia el día 20 sin lograr desmontar la defensa republicana, que les ocasionó muchas bajas. Y extendieron sus ataques al sector de la carretera… Por el valle del río Sec la 1ª División de Navarra; a su izquierda, al norte de la carretera, la 13 División, llevando en segundo escalón a la 53. Más al norte atacaba el Cuerpo de Ejército marroquí, con las divisiones 4ª de Navarra, 82 y 152.

Después de una preparación artillera y de aviación que duró seis horas –desde las ocho de la mañana hasta las dos de la tarde– arremetió contra el sector comprendido entre las alturas 496 y 565. Aproximadamente en el centro se hallaba la cota 287, posición clave que cerraba el paso por la carretera y el terreno accesible a los tanques al norte de la misma. Apenas se destacaba entre los accidentes contiguos de Coll del Coso y sierra de Lavall de la Torre, y su imprecisión
la hacía poco vulnerable al fuego de la artillería y la aviación contra objetivos concretos. La defendía el 50 batallón (Adam Mickiewicz) de la XIII Brigada. Los furiosos ataques del enemigo chocaron con la heroica resistencia de los defensores. Dejando dos tanques inutilizados por nuestra artillería anticarro y numerosos cadáveres en los accesos a la cota, los franquistas se replegaron a las posiciones de partida.

A nuestra derecha, en el frente del XV Cuerpo de Ejército, el enemigo hacía esfuerzos desesperados para abrirse paso a las alturas 496 y 477. Aquí concentró su masa principal de fuego y el grueso de sus tropas. En las citadas alturas, antes cubiertas de tupido bosque, no se veían ahora, sino los troncos mutilados de los árboles, que sobresalían totalmente desprovistos de ramaje entre el humo y el polvo de continuas explosiones. Apoyado por los tanques logró adueñarse de dichas cumbres, en las que se defendía la XII Brigada (comandante Luis Rivas Amat, comisario Emilio Suardi, italiano), y empezó a envolver el flanco derecho de la XIV (comandante Marcel Sagnier, comisario Henri Rol Tanguy, ambos franceses), ambas de la 45 División. En auxilio de nuestro vecino adelantamos el 59 batallón de la XV Brigada, que detuvo a los fascistas en los descensos sudeste y sur de las mencionadas alturas. A su derecha, sin embargo, no consiguió establecer enlace con .fuerzas propias. Otro batallón de la XV Brigada, el 57, ocupó entonces la defensa en el arco de alturas de Coll del Coso, tras el flanco izquierdo de la 45 División.

Al amanecer del día siguiente, el enemigo continuó la ofensiva al este de las alturas 496 y 477 y a lo largo de la carretera en el sector de la XIII Brigada. Con una intensa preparación artillera hizo volar los campos minados delante de ésta, abriendo camino a sus tanques. Doce de éstos avanzaron por el sur de la carretera, iniciando el ataque, aunque pronto arde rían los dos primeros sin alcanzar las trincheras republicanas. Recurrieron entonces a un nuevo machacamiento artillero y aéreo en toda la profundidad de la defensa. Durante dos horas el sector defensivo de la XIII Brigada quedó envuelto en el humo y el polvo de las explosiones de bombas y proyectiles. Al aparecer de nuevo los carros de combate facciosos tropezaron con el fuego organizado de infantes, artilleros y tanquistas republicanos al acecho en emboscada y el ataque no prosperó.

A partir de este momento y hasta el final de la jornada la aviación ítalo-germano-franquista no dejó el campo de batalla, atacando sin tregua los emplazamientos de la artillería y los accesos a la primera línea. Aviación y artillería (unas doscientas cincuenta piezas) concentraron ahora su poder destructor entre El Molino de Farriols y el camino de Mas de Alvarés, unos setecientos metros de anchura y quinientos de profundidad, contra el 52 batallón (José Palafox). El comandante de la brigada, mayor Boleslaw Molojiec, acudió en ayuda de su flanco izquierdo con el 49 batallón (Jaroslaw Dombrowsky –comandante Emiliano Chamón, comisario político Marcelino Blanco–, que chocó con el enemigo en el momento en que éste asaltaba las posiciones. Tras él marchó al contraataque el 51 batallón (Mátyás Rákosi), última reserva de la brigada, y el enemigo fue rechazado, perdiendo tres tanques. Se adueñó, sin embargo, de las avanzadillas republicanas en el saliente 500 metros al suroeste del Molino, pero fue desalojado mediante un golpe de mano nocturno, haciéndosele prisioneros del regimiento de América (1ª División navarra).

Paralelamente, desde las pendientes occidentales de la cota 362, lanzó dos regimientos con siete tanques al asalto de la 287. Y una vez más el batallón Mickiewicz mantuvo sus posiciones, reforzado ahora por una sección de ingenios acorazados, que actuando como artillería antitanque y elementos de fuego blindados –maniobrando al resguardo de los pliegues del terreno– dieron mayor estabilidad a la defensa, haciendo abortar el ataque. Los tanques más avanzados del adversario quedaron a 75 ó 100 metros de nuestras líneas, sin decidirse a cruzar las trincheras.

Los prisioneros hechos durante la jornada confirmaron la llegada de unos cincuenta carros de combate fascistas, así como la de la 1ª División de Navarra y varios tabores de regulares al sector de la carretera, que se preparaban para continuar la ofensiva al día siguiente.

Según los datos recogidos por nuestro servicio de información, siguiendo el eje de Corbera-Camposines, en un frente aproximado de cuatro kilómetros, atacaban las divisiones 1ª navarra, 13 y 74 (esta última en segundo escalón), con el apoyo de unos doscientos aviones de bombardeo, caza y asalto 64, cuarenta ingenios acorazados y doce-quince grupos de artillería. Frente al XV Cuerpo de Ejército actuaba la 82 División y otras unidades con la misión de salir a la cota 503 y cortar la carretera de Camposines a la Fatarella; habían logrado ocupar las alturas 426, 377 y 370, unos dos kilómetros al norte de nuestro flanco derecho, siendo detenidos por el contraataque de la 42 División republicana (comandante Manuel Álvarez, comisario Fernández Herrador), el 266 batallón de la 45, y el fuego del 57 batallón (XV Brigada).

Tras el flanco derecho se concentró por la noche la reserva divisionaria (constituida por la XV Brigada y una compañía de tanques), presta al contraataque, si el enemigo hacía nuevos intentos de abrirse paso en el sector de la carretera. El 57 batallón de la misma desplegó en las trincheras de la cota 291, inmediata a la 287. Asimismo, se reforzó a la XIII Brigada con la segunda compañía de tanques y se estableció enlace directo entre el puesto de mando divisionario y la guarnición de la altura 287, a cuyo frente se hallaban el capitán Franciszek Ksiezarczyk y el comisario político Boleslaw Jelen, antifascistas polacos.

Como esperábamos, ésta vino a ser una vez más centro del ataque faccioso. Y nada más amanecer el 22 de septiembre, cuando aún no habían cesado las explosiones de los combates nocturnos, el enemigo inició su preparación artillera, centrando el máximo poder de fuego en la indomable altura 287. Sobre una superficie de apenas medio kilómetro cuadrado se abatió el huracán de pólvora y acero que eran capaces de soltar unas doscientas cincuenta piezas de artillería y morteros. A los pocos minutos se extendía a las posiciones de la XI Brigada, dejando la cota 287 sometida al destructor cañoneo de varios grupos antiaéreos, reforzado con el bombardeo intenso de gran número de morteros. Uno tras otro se sucedían los ataques aéreos, especialmente violentos contra la sierra Lavall de la Torre, donde se apoyaba nuestro flanco izquierdo. Una terrible avalancha de fuego, acero y tierra levantada por las explosiones hizo furor durante toda la jornada en el sector de la carretera, arrasando cuanto hallaba a su paso.

Sus primeros ataques de infantería los dirigió contra las posiciones de la XI Brigada. Tres veces se lanzó al asalto –después de aparatosos preparativos artilleros– y otras tantas fue rechazada dejando en el campo de batalla cerca de un regimiento entre muertos y heridos. En el Vértice Caballs se mantuvo con firmeza el batallón especial de ametralladoras y morteros del Ejército, cuyo exterminador fuego masivo de flanqueo diezmaba las tropas enemigas atacantes. Una valiosa cooperación prestaron asimismo –con fuego de artillería y ametralladoras– las unidades del V Cuerpo y, en particular, su 43 División desde la sierra de Caballs, y las agrupaciones artilleras de Freire y Sánchez Tomás.

Casi a mediodía, unos cincuenta tanques, en dos grupos, al norte y al sur de la carretera, se lanzaron al ataque de las posiciones de la XIII Brigada. Tras ellos seguían varias columnas de infantería en orden de marcha. Totalmente envuelto en humo y polvo después de una preparación artillera de varias horas, parecía imposible que quedara algo vivo en el sector de la brigada. El enemigo había logrado destruir con su fuego las dos piezas antitanques del 50 batallón que hacían la cobertura anticarro de la altura 287. De las trincheras, nidos y refugios de primera línea apenas quedaban islotes sin arrasar. Las comunicaciones estaban rotas. Los tanques enemigos irrumpieron en la altura, rastrillearon con su fuego las trincheras y salieron a la retaguardia de las posiciones del batallón, donde cayeron bajo el fuego de varios tanques republicanos emplazados en las ondulaciones del terreno. Y los escasos defensores de la posición que aún quedaban vivos abrieron fuego sobre la infantería enemiga que corría al asalto, batiéndola con granadas de mano, y la rechazaron. Tres carros de combate enemigos, incendiados por los tanques propios, quedaron sobre la altura; los demás, aislados de la infantería, retrocedieron a sus líneas.

Un nuevo machacamiento artillero removió durante una hora, con suma intensidad, lo poco que en la altura quedaba en su sitio. Entre nubes de humo y turbonadas de tierra volaban los cuerpos deshechos. Y el enemigo repitió el asalto a la misma; esta vez sin tanques. Difícil era suponer que aún sobreviviera alguien entre las ruinas de las trincheras y zanjas de comunicación. Mas los escasos supervivientes del 50 batallón se batieron a muerte, exterminando en cuerpo a cuerpo los grupos fascistas que lograron alcanzar la primera línea y de nuevo arremetieron contra el cuerpo herido de la cota quince tanques seguidos de dos batallones frescos. El certero fuego de los carros de combate propios, eficazmente apoyado por la agrupación artillera del mayor Francisco Sánchez Tomás, desorganizó el avance de la infantería atacante, que acabó dispersándose pegada al terreno, con grandes pérdidas. Tampoco esta vez acompañó el éxito a los asaltantes.

Con zumbido de extrañas sirenas o de mecanismos en alocado descenso sobre nuestras cabezas, cayeron junto al observatorio varios proyectiles de trayectoria inconfundible, lanzados por nuestros artilleros desde las quebradas y barrancas de la cercana retaguardia. Atribuimos el hecho a error de cálculo y requerimos la presencia de Sánchez Tomás, jefe de la agrupación de contrabatería y acción de conjunto del V Cuerpo de Ejército, y más tarde CPA del mismo.

–Estás batiendo el puesto de mando. Varias granadas han caído a pocos metros del observatorio, vivimos de milagro, le dije con acritud.

–Vaya lance. Pues no tengo con qué disparar: nueve piezas me quedan más o menos útiles, de las treinta y dos. Y estoy disparando con un once y medio descalibrado que deja algunos tiros’ cortos, alegó. Y así vamos soltándoles, como
podemos, nuestros «pepinazos» a los fachas.

–¡Pues alarga el tiro hombre, para no errar!.. Que bastante tenemos ya con el enemigo. Aunque no exploten muchas de tus granadas…

–Llevarán espoletas defectuosas. Lo comprobaremos.

Esto era el panorama de nuestra “abundancia” en artillería, y eso en el sector neurálgico y mejor dotado de la defensa, durante una de las grandes batallas de la guerra.

A nuestra derecha, en el flanco izquierdo del XV Cuerpo de Ejército, se combatía encarnizadamente, y con desigual fortuna. Mediante un ataque combinado desde el norte y el oeste, con diez tanques, el enemigo consiguió adueñarse de la altura 356, defendida por unidades de la XIV Brigada (45 División) Contraatacado por los batallones 58 y 60 de la XV Brigada, y una compañía de tanques, quedó fijado en la mencionada altura, de la que intentaba descender a la carretera envolviendo nuestro flanco derecho. Desde esta posición el enemigo flanqueaba el dispositivo y la retaguardia de los heroicos defensores de la cota 287, cuya situación se hacía crítica. Entre las dos elevaciones se defendía heroicamente el batallón Palafox (comandante Istvan Molnar, comisario político Eugenius Szyr), bloqueando el camino de Mas de Parrot.

En estas condiciones, el adversario desencadenó un furioso ataque en el sector de la carretera. Tras los tanques fascistas se lanzaron al asalto dos escuadrones de caballería mora, a los que seguía la infantería. A costa de muchas bajas el enemigo ocupó las trincheras destruidas de la primera línea. Casi cercado, con cuarenta y cinco hombres, el jefe del batallón proseguía el combate en las zanjas de comunicación y en la contrapendiente de la altura.Al anochecer se replegó a la vecina cota 281, guarnecida por tropas de la XV Brigada. Casi todos los defensores del disputado centro de resistencia habían perecido heroicamente o resultado heridos, cerrando el camino hacia el corazón de la defensa republicana. Ejemplo sublime, que constituye una de las páginas más gloriosas de toda la batalla.

Entre los muchos héroes caídos en la defensa de esta posición destacan los nombres del capitán Daniel Abramowicz, jefe del PM del 50 batallón; el teniente Maurice Amtler (‘Moris’); el instructor político Józef Mazel (‘Sulinski’); el sargento Józef Kolorz (‘Marcel Kostecki’); el teniente Piotr Sosnowski (‘Pedro’), jefe de la tercera compañía del batallón Palafox; el sargento Chaskiel Honigstein, de la misma unidad (muerto luego a consecuencia de las heridas); el sargento Józef Szlachta, del batallón Dombrowsky, y tantos otros. Algunas compañías han quedado reducidas a un puñado de hombres. Cayó la noche, y en aquella enigmática oscuridad de caminos hondos, parecía alzarse un “vasto rumor de voces y de conciencias, más ardiente que el viento del desierto”. Hasta la tierra, mutilada por las destrucciones, tenía una “expresión dolorosa, reconcentrada y terrible”.

La orden de operaciones de la 35 División haría constar el “heroísmo ejemplar” de los combatientes del 50 batallón, su admirable gesta, y la “firmeza inquebrantable de la XI Brigada ante los furiosos ataques de tropas enemigas muy superiores en número y saturadas de todos los tipos de técnica bélica”. Audaz y valeroso había sido el comportamiento de la XV Brigada y de las unidades divisionarias. En orden del Ejército del Ebro (22-IX) se felicitaba a la 35 División por su heroico comportamiento y admirable tenacidad en los combates.

Vendrá su día y éste será uno de los sitios en que la España libre recordará el ejemplo solidario inmortal de nuestros hermanos internacionales. Ya tienen monumentos en diversos países (Polonia y Holanda, entre ellos). Y, en aras de la gratitud y buen· nombre, cabe esperar que también la España democrática oficial los levante en un mañana próximo, al igual que el pueblo trabajador, la España real, los ha erigido en lo más hondo de sus corazones. Como a ciudadanos de honor que son de la Democracia Española, según título conferido por un Gobierno legítimo.

Durante esas mismas jornadas, la 129 Brigada internacional (comandante Waclav Komar, jefe de operaciones Mihail Bron) coronaba su gesta de Levante combatiendo en el Alto del Buitre y el fuerte de San Cristóbal, después de una brillante ejecutoria por la que se le concedió la Medalla del Valor.

Quince días de combates casi ininterrumpidos había necesitado el enemigo para avanzar quinientos metros y adueñarse de aquella singular cota en el frente de la 35 División.

Por la noche, reforzada con una batería anticarro y una compañía de tanques, la XV Brigada se hizo cargo de la primera línea relevando a la XIII. Esta pasó a constituir la reserva divisionaria, concentrándose en las estribaciones noroeste de la sierra. de Lavall de la Torre, tras el flanco izquierdo del sector, en cuyos arbolados barrancos pensábamos reorganizar la diezmada y heroica unidad. Delante de Camposines, en el arco de alturas 282, 260, 262·y 259, se situó, a caballo sobre la carretera formando una segunda línea defensiva, el batallón de ametralladoras número 35.

Sin cesar prosiguieron el día 23 los encarnizados combates. A las seis de la mañana empezó un intenso bombardeo aéreo-artillero de nuestras posiciones, desde Coll del Coso hasta Lavall de la Torre, que alcanzó su máxima violencia alrededor de las once. Seguidamente, precedidos por doce aviones de asalto y veinte ingenios acorazados, los facciosos se lanzaron al asalto en todo el frente divisionario. Un durísimo combate sostenía la XV Brigada en el flanco derecho, defendiendo la altura 291. Como a las doce, el atacante logró adentrar una cuña en el centro de la división, allí donde enlazaban las dos brigadas de primera línea, por el cauce del río Sec, amenazando dividir nuestro frente en dos partes.

La enorme superioridad del enemigo en aviación, tanques y artillería excluía la posibilidad de realizar contraataques bien preparados por el fuego y a campo abierto. Decidí pues cerrar la brecha con las reservas de las brigadas de primera línea y desplegar la XIII Brigada en profundidad, creando así una triple línea defensiva con la misión de estrangular toda penetración del adversario hacia el nudo de comunicaciones. Tras la primera franja defensiva, donde combatían las brigadas XV y XI, se extendía una segunda franja siguiendo las alturas 282, 262 y 341, guarnecida por tres compañías del 35 batallón de ametralladoras y dos batallones de la XIII Brigada; la tercera franja, a dos kilómetros de la anterior, se extendía por la cadena de alturas 259, 309, 304, 289, 321 y 332, Y en ella se desplegaban una compañía de ametralladoras y los batallones 49 y 50 de la XIII Brigada. Todas las posiciones habían sido fortificadas de antemano y ofrecían buenas condiciones para la defensa, mientras poseyéramos el Coll del Coso y la sierra de Lavall de la Torre, poderosos contrafuertes flanqueantes.

Al tomar esta decisión, en el observatorio divisionario se hallaba el coronel Modesto, comandante-jefe del Ejército del Ebro, quien refrendó las medidas adoptadas. Entre otros jefes y oficiales, le acompañaban el teniente coronel Márquez, subjefe del XV Cuerpo de Ejército, y el mayor Domiciano Leal, comandante en funciones de la 46 División, unidad que había de relevamos por la noche. Este popular jefe perecería minutos más tarde en uno de los intensos bombardeos a que la aviación fascista sometió en aquella jornada al dispositivo divisionario.Había protagonizado y sobrevivido innúmeros actos de intrepidez, valentía y aun temeridad, asaltando posiciones o defendiéndolas cuerpo a cuerpo, a costa de ser acribillado. Y vino a caer en uno de tantos bombardeos, ajeno como siempre a todas las precauciones, no obstante las pavorosas cicatrices que hendían su cuerpo, testimonio elocuente de indecibles sacrificios.

Nos disponíamos a bajar del observatorio, cuando una escuadrilla de bombarderos enfiló la Sierra de LavaIl de la Torre y descargó sobre la altura 360, en la que nos encontrábamos. Tras los primeros silbidos hicimos cuerpo a tierra en la zanja de acceso; estallaron las bombas y seguimos. Ya abajo, nos detuvimos junto al Estado Mayor. Advertimos que los aviones facciosos iniciaban la segunda “pasada”. Insté a mis acompañantes para que entraran en el refugio del puesto de mando. Leal observaba el bombardeo, como siempre, a pecho descubierto. Acudí a una llamada telefónica. Mientras hablaba estallaron en derredor unas cuantas bombas, haciendo trepidar el refugio y cegándonos con la tierra desprendida. Aun no había soltado el micrófono cuando entró Domiciano Leal –sintiéndose ya quizás malherido– tomó asiento a mi lado y extendidas las piernas sobre el desnudo suelo se recostó en la pared de la excavación subterránea, débilmente iluminada por la luz que llegaba del exterior. Afuera tronaba el bombardeo. Apenas transcurridos unos instantes, apoyó su cabeza en mi hombro izquierdo, como quien duerme.

–¿Tienes algo, Leal?, pregunté, dejando el teléfono.

Silencio. Eso fue todo. Estaba inmóvil, desmayado o muerto. Corriendo lo llevamos al puesto de socorro, del que apenas nos separaban unos metros. Mas ya era tarde. Había fallecido sin exhalar un suspiro, deceso casi instantáneo, con el corazón atravesado por la metralla fascista. Así perdimos a uno de los comandantes más abnegados, afables y valerosos de toda la guerra, veterano de Somosierra y participante en muchas de las grandes páginas de la contienda. Batallador militante del socialismo y prestigioso dirigente sindical del transporte madrileño, con indomable sangre proletaria y miliciana en sus entrañas. Doloridos acompañamos al hermano caído hasta la ambulancia que trasladaría su cuerpo inerte a Barcelona, donde se le tributaría un impresionante homenaje póstumo. Así mismo, fue propuesto para la Placa Laureada de Madrid.

Prosiguió su recorrido el coronel Modesto, y nosotros volvimos a las otras duras realidades de la jornada, que con tanto rigor se había iniciado. La entrada en combate de las reservas de las brigadas detuvo la infiltración enemiga a 300-400 metros de las avanzadillas. Luego de un empeñado forcejeo de muchas horas, el adversario no pudo desarrollar la rotura en profundidad, pero atacó de flanco las otras posiciones avanzadas y logró apoderarse de la primera línea de trincheras en la cota 291 y en las estribaciones norte de la altura 565. A unos quinientos metros los fascistas tropezaron con la segunda trinchera, que no pudieron tomar. Tras ella se extendían los dos cinturones fortificados que guarnecían la XIII Brigada y el batallón de ametralladoras número 35.

Pese a la enorme concentración de tropas y pertrechos bélicos, los franquistas no consiguieron romper la defensa republicana en el sector de la carretera. Todo su avance quedó reducido a la ocupación de la primera línea de trincheras en un frente de dos kilómetros.

Refiriéndose más tarde a estas ofensivas, en un discurso pronunciado ante oficiales alemanes en Berlín, el general franquista Aranda dijo: “El fuego más denso de la artillería nacional lo hicieron ciento cincuenta baterías sobre un frente de dos kilómetros, es decir, tres cañones cada diez metros, en la batalla del Ebro. En los cien días que duró esta batalla, la artillería nacional hizo millón y medio de disparos”.

Casi diez mil bajas costó al Cuerpo de Ejército del Maestrazgo la ofensiva del mes de septiembre. Diezmados por la heroica resistencia y los contraataques de las tropas republicanas, los fascistas necesitaron una pausa de ocho días para reanudar la ofensiva en esta dirección. Pero ya no encontraron en la misma a las fuerzas de la 35 División. Esta fue relevada por la 46 en la noche del 23 al 24 de septiembre y se concentró en la región de Falset al otro lado del Ebro.

Durante los combates del 6 al 24 de septiembre, la 35 División había perdido 1.563 hombres. La cifra total de sus bajas desde el comienzo de la batalla ascendía a 3.872, o sea un tercio de sus efectivos, y el 42 por ciento de las tropas de combate. Para siempre quedaban en las cumbres y valles de la “Terra Alta”, entre sus pinos y vides, olivos y almendros, hombres heroicos como el capitán Adam Lewiriski, los comisarios Franciszek Mroziriski, Józef Mazel y Salomón Jaszuáski, el poeta ucraniano Yurko Welykanowicz, el capitán Fritz Mitter, el teniente Frantz Tzarte, el sargento Hans Wagner, Ruddy Awerchan, Viktor Lenchardt, y tantos otros: científicos, ingenieros, médicos, maestros, periodistas, militares, abogados, artistas, pintores, empleados, mineros, metalúrgicos, obreros de profesiones diversas y campesinos… En los empeñados combates de la postrera jornada, junto a muchos otros, entregaron sus vidas el famoso deportista irlandés y teniente de la XV Brigada Jack Nalty y el comisario Pedersoen, de nacionalidad sueca.

No fueron, sin embargo, las pérdidas la causa del relevo y de la salida del frente, sino la orden del Gobierno republicano disponiendo que los voluntarios internacionales de la libertad causaran baja en las filas del Ejército popular. Esta disposición afectaba a dos divisiones del Ejército del Ebro: la 35 y la 45.

Unos tres mil voluntarios antifascistas de veintiún países formaban parte de la 35 División. Entre ellos había más de doscientos aguerridos jefes y oficiales y varios centenares de clases de tropa igualmente curtidos en las más duras pruebas. El núcleo fundamental de los efectivos internacionales de la XI Brigada estaba constituido por antifascistas alemanes y austriacos; en ella había asimismo luchadores de los países centro-europeos y escandinavos. La mayoría de los componentes de la XIII Brigada eran polacos, entre ellos numerosos hebreos y ucranianos; a su lado combatían antifascistas checoslovacos, húngaros y de los países balcánicos. En la XV Brigada predominaban los estadounidenses, británicos, latinoamericanos y canadienses.

Este heroico, abnegado y grandioso movimiento de solidaridad de todos los pueblos entraña un rasgo trascendental de la contemporaneidad: el común anhelo que sienten hombres y pueblos de acabar con la opresión y la explotación, conquistar la libertad, la paz, y despejar el camino del progreso y el bienestar. Constituye una poderosa fuerza mundial que marcha hacia nuevos horizontes de justicia social, democracia y socialismo. Y nadie podrá empañar la heroica gesta vanguardista de los internacionales en la guerra nacional-revolucionaria del pueblo español contra la intervención extranjera y el fascismo.

España vivirá días mejores, pero no olvidará nunca a quienes marchando con las vanguardias afrontaron los riesgos de una ingente labor solidaria y con todo el ardor de sus corazones marcaron el rumbo de la época. Muchos de ellos figuran hoy en los comités centrales, gobiernos, ministerios y ejércitos de numerosos países socialistas. Otros, los más, perecieron en los frentes, campos de exterminio y cárceles, o prosiguen la lucha por sus ideales en el mundo entero.