El batallón Juan Marco de la XIII Brigada Internacional. Las fotos del Dr. Usano

Hace dos años el Archivo Municipal de Denia recibió un legado valioso: el archivo fotográfico del Dr. Usano –el médico del batallón Juan Marco– compuesto por 72 fotos, 38 de las cuales que pueden verse hasta el 29 de mayo, en una Exposición en la Casa de la Cultura de Denia.

Desfile de los voluntarios de la XIII BI, posiblemente en Torrelodones, antes de la batalla de Brunete. Julio 1937

Nacido en 1907, Manuel Usano estudió medicina en Valencia y se especializó en Alemania en medicina deportiva. El 1 de septiembre de 1936, Usano marchó como voluntario a las milicias republicanas y acabaría uniéndose a un batallón de voluntarios que tomó el nombre de Juan Marco en memoria de un joven estudiante de medicina caído en el frente de Aragón. Manuel Usano y el batallón Juan Marco estuvieron en el frente de Teruel entre diciembre de 1936  y enero de 1937. No tomó parte en la primera ofensiva contra Teruel, pero se mantuvo como reserva. A finales de enero marchó a la zona de Utiel-Requena, donde los restos de la XIII BI andaba recomponiéndose de las pérdidas sufridas en dicha ofensiva. Y fue en ese momento cuando el Alto Mando republicano decidió reforzar la XIII BI con dos batallones españoles: el Otumba y el Juan Marco.

Mientras que los otros dos batallones internacionales –el Chapaiev y el Henry Vuillemin– partían hacia el litoral sur para frenar el avance franquista por la costa granadina y las Alpujarras, los batallones españoles emplearon algún tiempo más en su formación hasta que fueron posicionados al norte de Sierra Nevada. Finalmente, a finales de marzo, los cuatro batallones fueron trasladados a Los Pedroches, al norte de Córdoba, para contener la ofensiva franquista sobre Pozoblanco y Almadén. Lo consiguieron; y recuperaron los  pueblos de Valsequillo, La Granjuela y Los Blázquez. He aquí, resumido, el relato de Kantorowitz:

El Batallón Chapaiev había sufrido muy considerables bajas en el ataque a Valsequillo, especialmente durante la conquista de la estación, convertida en un fortín. De unos 600 hombres más de 130  habían caído  y otros muchos habían quedado heridos. Tras la destrucción de los últimos nidos de resistencia de los fascistas, el batallón se fortificó en la salida sur del pueblo en tanto llegaba como refuerzo el 3er Batallón de la brigada, el español Juan Marco… A la mañana siguiente los dos batallones iniciaron su  avance sobre la importante aldea de La Granjuela, unos 4 kilómetros al sur. A su derecha, el 2º Batallón “Henri Vuillemin” atacaba a su vez Los Blázquez. Ambos ataques resultaron exitosos y casi sin bajas… El ataque sobre La Granjuela, defendida por más de 1000 hombres, fue el resultado de la voluntad de vencer, unido a un golpe de suerte. Los mapas que les fueron proporcionados a los dos batallones –Chapaiev y Juan Marco–  estaban mal dibujados, pero permitieron tomar por sorpresa a los defensores fascistas, que tuvieron que abandonar el pueblo y las armas.

En los meses de abril a junio, estos batallones, y los de la 6ª BM republicana, intentaron seguir avanzando hacia el sur –lo que no lograron–, pero al menos contuvieron los contrataques que desde Peñarroya y Fuenteovejuna lanzaron las tropas de Queipo de Llano con la ayuda de las unidades de Flechas Azules italianas. Allí se mantuvo el Juan Marco hasta que a finales de junio de 1937 la XIII BI recibió la ord en de marchar a Madrid. El mando republicano contaba con ella y otras 25 brigadas más (5 de ellas internacionales) para intentar dar la vuelta al desarrollo de la guerra: se trataba de pasar definitivamente a a la ofensiva, privando al ejército franquista de la iniciativa estratégica que hasta entonces había tenido.

Los republicanos no consiguieron sus objetivos inmediatos –levantar el cerco de Madrid y alejar el frente a 20 km de la capital– aunque frenaron un mes la caída de Santander y consiguieron alguna ganancia territorial. El final de esta batalla supuso el final del batallón Juan Marco (sus componentes pasaron a otras brigadas españolas) y de la XIII BI, que sería sustituida por otros batallones internacionales. La disolución de esta brigada sería el resultado de malas decisiones del mando republicano, que abusó con aspereza de estas unidades de choque.

El Dr. Usano pasaría a ejercer sus servicios en Cataluña hasta el final de la guerra, cuando cruzó la frontera y pudo salir hacia el exilio en Colombia. Desde su puesto en la Universidad de Bogotá marchó a los Estados Unidos, donde ocupó un importante puesto dentro de la empresa farmacéutica Pfizer. En 1962 regresó a España como delegado de su empresa y más tarde se instaló en Denia, lugar donde sus hijas Mericel y Mireya han decidido que quedara su legado.

 Información fotográfica en Marina Plaza

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