Nuevo libro de Jordi Martí-Rueda sobre los Brigadistas Internacionales

Hace 3 años este historiador lanzó su libro Cinco rebeldes: Historias humanas de las Brigadas Internacionales y la Guerra Civil, del que nos hicimos eco en nuestro sitio web. Por cierto que la librería Cazarabet hizo a propósito de su publicación una entrevista al autor que se puede leer aquí.
Ahora, tres años más tarde, Martí-Rueda ha sacado otro libro Brigadistes. Vides per la llibertat, en el que resalta el perfil humano y político de sesenta voluntarios internacionales. Leire Regadas le ha hecho una entrevista en la revista El Salto, que publicamos a continuación:


Jordi Martí-Rueda: “Negar la palabra al fascismo no es un ataque a la libertad de expresión, es un acto de ética elemental”

Leire Regadas 26 septiembre 2020

En su último libro el historiador Jordi Martí-Rueda recupera la historia de sesenta personas que, procedentes de todo el mundo, decidieron plantar cara al fascismo imperante desde 1936. Más allá de la épica con la que se recuerda la Guerra Civil, más allá de los cánticos y de las fotografías de Gerda Taro y Endre Friedmann, el historiador Jordi Martí-Rueda nos acerca a la cara más humana de la guerra mediante historias personales de brigadistas internacionales en su último libro Brigadistes. Vides per la llibertat [Brigadistas. Vidas por la libertad] (2020) editado por Tigre de Paper. Un libro divulgativo que alberga sesenta breves biografías acompañadas de una imagen sobre aquellas personas procedentes de todo el mundo que decidieron plantar cara al fascismo imperante desde 1936. Uno de los ejemplos más flagrantes del internacionalismo solidario y un recordatorio sobre un capítulo de la historia que no debería volver a ocurrir. Hablamos con el autor sobre anécdotas y curiosidades de las Brigadas Internacionales y sobre el auge del fascismo en Europa.

Cada vez se ve más lejana la Guerra Civil, parece que a las nuevas generaciones no les interesa el tema y que tampoco conocen las Brigadas Internacionales. ¿Estamos olvidando nuestra historia?
Creo que la Guerra Civil se ha explicado poco, no se le ha dado la importancia que tiene y, además, se ha explicado mal. Es decir, se ignora lo que pasó, se está olvidando y tenemos una imagen distorsionada. Se ha tendido a explicarla como una guerra entre hermanos y no como una guerra entre el fascismo y el antifascismo. Se tiende a ver al bando republicano como un ejército de personas que fueron arrastradas al frente… No sólo se ignora que existieron las Brigadas Internacionales, sino que se ignora que hubo una generación competente y combativa.
Este es un libro sobre Brigadistas Internacionales, pero no es uno más. Tiene un formato novedoso, fresco, visual, donde se presenta brevemente a cada brigadista con su fotografía al lado.
El tema de la Guerra Civil y de las Brigadas Internacionales es apasionante, tienen todos los ingredientes para poder hacer hasta una serie si se quisiera, existen historias brutales. Tengo la voluntad de explicar esta parte desconocida de la historia, pero de una forma diferente. Digamos que cuando lees la Historia mediante ensayos es como ver una película en blanco y negro. Cuando lees las historias de las personas es como si se pasara a verlo a color, todo coge un aire nuevo. En la medida que te aproximas a las personas, aquella Historia que puede parecer lejana se vuelve muy cercana. El libro no quiere explicar qué fueron las Brigadas Internacionales, sino lo que significaron y creo que se consigue a través de perfiles humanos que viven experiencias individuales y particulares.

Fueron muchas, casi 40.000, las personas que decidieron coger una mochila, dejar su país en paz e ir a luchar en una guerra, en principio, “ajena”. ¿Qué les impulsó a ser Brigadistas?
Debemos situarnos en los años 30; cuando todos los países europeos comienzan a ver cómo aparecen réplicas de los movimientos fascistas y nazis. La paz es como una cuerda que no para de tensarse y está a punto de romperse. La Guerra Civil se convierte en una oportunidad para luchar contra esa amenaza global, que no existía en otros lugares donde el fascismo ya estaba instaurado. La motivación de los brigadistas era acabar con esa amenaza global antes de que fuera demasiado tarde. No era una guerra ajena para ellos, de hecho, su eslogan era “por vuestra libertad y por la nuestra”. La solidaridad no nace de la opresión pura y dura del otro, sino que nace de la empatía, de la existencia de alguien que lucha contra la opresión. A veces se olvida que si pudieron venir fue porque alguien ya había iniciado el camino para combatir un enemigo común.
Además, las había como la enfermera de Harlem, que luchaban también contra el racismo.
Sí, ella era enfermera, pero antes quería haber sido profesora de educación física y no pudo porque en las piscinas universitarias en EEUU no se permitía que las personas negras se bañaran. Un año antes de la Guerra Civil intentó ir a África con la Cruz Roja, pero tampoco se lo permitieron ¡por ser negra! Ella ya había sufrido algo muy parecido al fascismo. Luchaba contra las leyes de Jim Crow, las leyes de segregación de EEUU, también contra la eugenesia… se imaginaba qué pasaría si ganase el fascismo. Estuvo catorce meses en la guerra y cuando volvió se le descuadró la memoria por los hechos traumáticos que vivió. Pero hay una cosa que siempre decía; que ella aquí fue plenamente feliz ya que le trataban como a una más y este es un mensaje que compartían todas las personas negras que sobrevivieron a la guerra.

Las mujeres brigadistas rompieron todos los estereotipos de la época ¿Son las grandes olvidadas?
La verdad es que cuando alguien piensa en las Brigadas Internacionales la imagen que suele venir a la cabeza es la de un hombre y soldado. Yo también partía de esta idea, pero después descubres las historias de médicos y enfermeras que equiparan en heroísmo a los soldados. Trabajaban en la medicina civil y no tenían ni idea de lo que era encontrarse en un quirófano con 500 heridos de guerra esperando, turnos de 35-48 horas con bombardeos en los hospitales… eran las últimas que marchaban cuando había una retirada, se quedaban con los heridos hasta el último momento. Estas mujeres rompieron completamente con el rol que la sociedad de los años 30 les había asignado y es muy meritorio. Hay hasta casos de mujeres que tenían hijos y marcharon al frente…


Otros también marcharon de casa sin avisar o sin decir a dónde iban….
Sí, de hecho, hay gente que marcha diciendo mentiras a la familia. El norteamircano Milton Wolff le dijo a su madre que iba a estudiar a Francia y acabó siendo comandante del Batallón Lincoln. Fue entonces cuando su madre se enteró de dónde estaba, cuando vio su fotografía en los diarios.

Se formó una mezcla de muchas personas provenientes de diferentes países, de procedencia política diferente… ¿Cómo fue la convivencia, con diferentes formas de vivir, de pensar y con diferentes culturas?
Hay una anécdota que explicaba el mismo comandante Milton Wolff. Los voluntarios llegaban a la base en Albacete y se les daba la bienvenida en la plaza de toros. El comandante hacía un discurso en francés y se iba traduciendo de uno en uno a diferentes idiomas y claro, ¡el último no se enteraba de nada! Por la fuerza, gente proveniente de más de 50 países tenían que mezclarse de una manera u otra; de hecho, existía hasta un batallón que se denominaba el ‘Batallón de las 21 nacionalidades’. Imagínate eso en una situación de combate, es muy complicado y, aun así, este batallón era de los que mejor funcionaba.
También se vivieron ironías y paradojas, como el caso de George Nathan, quien fue oficial del ejército británico y de los Black and Tans y acabó dirigiendo un batallón de irlandeses como Frank Ryan, quien fue miembro del IRA.
George Nathan era un antiguo oficial del ejército británico y también fue miembro de la inteligencia durante la guerra de Irlanda, los Black and Tans, los escuadrones de la muerte reclutados por Londres para liquidar activistas del IRA y sus familiares. También era judío… es una persona que evoluciona, cambia de mentalidad y se alista en las Brigadas Internacionales. Él llegó a sentir empatía por aquellos irlandeses contra los que combatió. Algunos, al enterarse de quién era, decidieron coger las maletas e irse al batallón vecino, porque no podían estar sobre las órdenes del enemigo de sus padres. Pero otra parte de aquellos irlandeses lo aceptaron. Esta es para mí la híper paradoja de la Guerra Civil. Encontrarte a un antiguo comandante del ejército británico que tiene a sus órdenes ex voluntarios del IRA es inverosímil, pero la guerra tiene estas cosas. Un enemigo monstruoso crea alianzas que parecen impensables. El enemigo común era tan grande que podría aglutinar sensibilidades diferentes; personas que en sus países de origen eran adversarios, aquí se encontraron luchando en la misma trinchera.

Es duro ir a la guerra desde la comodidad de un país en paz, pero es duro también volver a casa después de haber vivido la guerra. ¿Cómo hicieron frente al retorno?
La persona que va a la guerra, cuando vuelve, ya no es la misma. Digamos que su eje se ha desplazado, pero, en cambio, vuelven a un lugar donde todo sigue igual. Ha habido casos de suicidio, de estrés postraumático…otros ni siquiera tienen tiempo de pensar porque se incorporan en la Segunda Guerra Mundial. De estos últimos se sabe que en su lecho de muerte hablaban de la Batalla de Jarama, de la del Ebro…supongo que es un momento crucial en sus vidas. Pero sí, a muchos voluntarios les cambió la vida y existen varios ejemplos de desórdenes mentales.
Salaria Kea, la enfermera de Harlem, escribió sus vivencias y hay un momento de su relato en el que el camino se bifurca e historiográficamente no cuadra, cuenta cosas irreales. La enfermera Penny Phelps fue herida y evacuada a Inglaterra; cuando despertó pensaba que lo que había vivido era un sueño, otras veces que lo que estaba viviendo era un sueño, se preocupaba por sus compañeros ya muertos… Juan Miguel de Mora estuvo en la Batalla del Ebro, en un escenario muy violento. Sufrió de amnesia postraumática. Explicaba que en la Cota 666 se hacían relevos de máximo diez días porque anímicamente era insostenible. De Mora decía que lo peor no eran los bombardeos, sino el silencio de la espera entre uno y otro. ¿Cómo puedes explicar eso a alguien que no lo ha vivido?

El fascismo nunca ha desaparecido, y en los últimos años está resurgiendo con fuerza en toda Europa. ¿Cuál crees que es el motivo?
La negación. Además de factores sociales y económicos la negación cobra un peso importante; el creer que aquello fue tan terrible que no puede volver a suceder. La paradoja es que la historia de la humanidad es una sucesión de atrocidades y de los crímenes de Franco, Hitler y Mussolini sólo nos separan dos o tres generaciones. Pensamos que fue tan bestial que no puede volver a repetirse y creer esto es un error. Una sociedad que ayer admitía como un crimen el hecho de matar disidentes o reprimir un colectivo por razones nacionales, étnicas, religiosas o sociales, mañana puede pasar a considerarlo un hecho aceptable porque obedece a un acuerdo social. La línea que separa lo que en una sociedad es aceptable y lo que no la mueve la gente. Negar que puede volver a pasar es la vía más rápida para que vuelva a pasar. ¿Europa no es capaz de repetirlo? La historia de Europa es justamente eso. Basta con mirar al Mediterráneo.

¿Qué ocurre con los medios de comunicación hegemónicos? Dentro de la supuesta objetividad periodística, pocas veces se utilizan palabras como “neonazi”, “racista” o “fascista”.
Es que no decir las cosas por su nombre no es equidistancia, sino todo lo contrario. Hubo un periodista italiano que en tiempos de Mussolini dijo que el fascismo no era una ideología, sino un crimen. Poco después de decir esto lo fueron a buscar y lo mataron. ¿Invitaríamos a un asesino en serie a un plató de televisión para que explicara sus ideas? ¿Invitaríamos a un violador a hacer apología de la violación? Pues ¿por qué se da un micrófono a fascistas, cuando el fascismo tiene en su corpus doctrinal la eliminación violenta del adversario y encarna las peores atrocidades del siglo XX en Europa? Esta línea no se debería traspasar. Al fascismo no se le debería invitar a la mesa de debate, porque haciéndolo lo normalizamos. No se debe debatir con él. Es un crimen y una amenaza terrible; ¿por qué le tenemos que conceder la oportunidad de repetir los crímenes que ha cometido y que, si tiene oportunidad, volverá a cometer? Negar la palabra al fascismo no es un ataque a la libertad de expresión, es un acto de ética elemental.

Para que la historia no vuelva a repetirse, ¿qué camino debería tomar la lucha antifascista?
En la historia no hay dos momentos idénticos, siempre hay elementos nuevos y por eso se hace difícil prever qué puede pasar. Pero hay algo que debemos hacer y es interpretar el fascismo, diseccionarlo. Entender qué le motiva, cómo seduce, cómo se desarrolla. Es lo que hizo Rosa Sala Rose con su libro Diccionario crítico de mito y símbolos del nazismo, donde exploraba las entrañas del nazismo, y lo que ha hecho la periodista Alba Sidera con Feixisme persistent, donde muestra las complicidades políticas y mediáticas que han permitido que el fascismo se normalizara y esparciera en la Italia de hoy. Hay que conocerlo y al mismo tiempo reconocer el riesgo que representa. Que una parte de la sociedad deje de hacer como el avestruz, deje de negar lo que está pasando, maquillándolo, llamándolo de otra manera y desdibujándolo. El conjunto de la sociedad que se considera “democrática” debería asumir la lucha contra el fascismo como un eje fundamental en los años que vienen.

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